200 años de poesía

Con el espectáculo se festeja. Afloja la queja y nadie se acuerda de a quién votó. Es una pertenencia sin especulación. Así resultó ser la celebración del Bicentenario, desde el Himno en Ischigualasto hasta la épica acrobática de Fuerzabruta.

Pero el espectáculo es el resultado de una constitución poética, del afán de belleza y emotividad. Detrás del montaje del escenario, hay una escena íntima, un goce primordial. El de la poesía misma. Según escribió Sarmiento, «el pueblo argentino es poeta por carácter». Y sigue, en Facundo : «Hay un fondo de poesía que nace de los accidentes naturales del país».

Quizá por eso, un acontecimiento también digno de festejo es la antología 200 años de poesía argentina (Alfaguara), con selección y prólogo de Jorge Monteleone. Son mil páginas, en cubierta celeste y blanca, con un pájaro asomando en la «o» de «poesía». Hay poemas de todos los estilos y vertientes.

Una voz cargada de matices va susurrando nuestra historia. Es una antología con fin crítico, didáctico y hedonista. Una antología de antologías, ya que recrea un camino tomando en cuenta las antologías publicadas con anterioridad. Comienza en 1810, con la generación romántica, y culmina con los poetas nacidos en 1959. Según Monteleone, toda antología es un acto crítico que oscila entre la melancolía y la historia. Por eso inaugura esta selección con la «Marcha patriótica», de Vicente López y Planes, nuestro himno nacional, para llegar pronto a El gaucho Martin Fierro , con el que se funda nuestra lengua poética, creando «un fenómeno rítmico en un espacio vacío.»

El antólogo no sólo rescata la poesía por su fuerza propia sino por los efectos que tiene sobre lo que nombra. En este sentido, y aunque no lo parezca, son textos íntimamente ligados a lo social. La poesía también contribuye a constituir el Estado y a cuestionarlo, desde «El nido de cóndores», dedicado a San Martín, de Olegario V. Andrade, hasta el «Poema conjetural» de Borges o la reinterpretación del peronismo después de la caída de 1955 que hizo Leónidas Lamborghini.

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Los distintos poetas evidencian vuelcos de carácter a través de brincos retóricos: Pasamos de melancólicos a paródicos.

Otro tema de esta antología es la poesía argentina y la dictadura. El principal poema de los tiempos terribles es, sin dudas, «Cadáveres», de Néstor Perlongher (claro que hay otros significativos, como «Muda desaparición», de Víctor Redondo.)

Y como de argentinos se trata, no podía faltar la poesía con relación a «una historia del yo». Un yo lírico, intimista, que, según Monteleone, llegó con Echeverría y también con Almafuerte. Con Rubén Darío en Buenos Aires, cambiaría esta «función del yo», a fines del XIX, volviéndose un «yo hipertrofiado, móvil, casi abusivo en su templada aparición». El ejemplo ineludible, genial, es Leopoldo Lugones y, del lado femenino, Alfonsina Storni. Ambos suicidas, y en mismo año, 1938.

Por afinidad y seducción, Monteleone despunta desde Alfonsina un torrente poético de mujeres: Pizarnik, Biagioni, Thénon, Orozco, Bignozzi, que culmina en el vasto mundo de nuestra diáfana Diana Bellessi. Ell último poema de esta antología es de Laura Klein. Este libro es una auténtica fiesta del ser emocional.
 

por Silvia Hopenhayn

Fuente: 

Diario La Nación 2/6/2010

200 años de poesía
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