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Una kermesse para ver a un William Shakespeare de punta a punta

Ya desde lejos, el monstruo gris se adivina en el paisaje todo verde, de árboles, pasto cortado al ras y cielo azul. Todavía son esqueletos, estructuras de aluminio y madera pero desde este viernes estarán recubiertas por completo para dar lugar a la Kermesse Shakespeare que, en el aniversario de los 400 años de su muerte, homenajea al gran dramaturgo inglés con un evento multidisciplinario. La experiencia -que forma parte del programa “El San Martín en los barrios– es inédita: en cuatro días (desde este viernes hasta el lunes 28), desde las 11 de la mañana hasta pasada la medianoche, se podrán ver las 38 obras que Shakespeare escribió en veintinueve años, revisitadas en distintos formatos.

Una kermesse es una fiesta, y el concepto encuadra en una lectura que, ante todo, lo baja del podio de la solemnidad para devolverlo a la tierra, al barro, con una programación que apunta a toda la familia. En otras palabras, la idea es ir hacia su voluntad de hablarles a todos los sectores sociales y contar historias a nuevas audiencias, siempre centrales en el autor isabelino.
 
En una estructura que ocupa casi 17 mil metros cuadrados, con capacidad para más de 3000 personas habrá, entre un patio de comidas y juegos, cuatro escenarios distintos: la sala Alfredo Alcón, con un formato de teatro a la italiana, una carpa de circo, un cine al aire libre y la Sala William Shakespeare, un teatro isabelino inspirado en lo que nos llegó de cómo fue el emblemático Globe shakesperiano: una gran “O” rodeada por el público -así describió el mismo Shakespeare el espacio en una de sus obras, Enrique V-, desde donde la gente sentada o de pie, podía ver todos los ángulos del cuerpo del actor.
 
Habrá de todo: obras de teatro, danza, espectáculos infantiles, talleres de títeres, cuentacuentos, espacios de lectura, circo, karaoke, música, películas al aire libre y juglares. Participarán más de 350 artistas, noveles y consagrados. Gabo Ferro dará lo que decribe como una “conferencia poético performática” reuniendo algunos materiales de La Tempestad y nuestro presente. La programación de cine tendrá una de las mejores versiones de Rey Lear, Ran, del gran director japonés Akira Kurosawa, y La Tempestad, por el británico Derek Jarman, mostrará su abordaje más audaz. En teatro, se podrá ver uno de los clásicos de Gabriel Chame Buendía: su Othelo en clave de clown y humor criollo; Rubén Szuchmacher pondrá en escena Lancaster (compuesta por Ricardo II, Enrique IV y Enrique IV), además de un ciclo de Shakespeare semimontado, por grandes directores del circuito independiente y un programa para niños, entre muchas otras actividades que se daràn de forma simultánea.
 
“Si uno es especialista, va a venir a constatar lo fantástico que es Shakespeare y, si no, se va a encontrar con que es un autor popular, el autor más genial de toda la historia de Occidente, que nos cuenta historias que nos hablan a cada uno, es un gran inventor de la vida y la modernidad”, dijo Jorge Telerman, director del Complejo Teatral de Buenos Aires, ayer, en una recorrida para la prensa. Algo así escribió el crítico estadounidense Harold Bloom en La invenciòn de lo humano, que ubicó a Shakespeare en el centro del canon occidental: “Permitamos a este dramaturgo un conjunto de contrastes y nos mostrará todos y a ninguno, todo a la vez”.
 
Mientras el Teatro San Martin continua en obra -Telerman asegura que reabrirá en marzo- el programa en los barrios se creó, en parte, como un paliativo. La financiación -unos 3 millones de pesos en esta primera parte, que sigue hasta el 4 de diciembre- proviene de la Ley de Mecenazgo. Es decir, el dinero no salió del presupuesto de Cultura. Ahí entra Diego Santilli, vicejefe de Gobierno porteño, también presente la recorrida. “Vos me das una calavera y yo arranco : ‘To be or not to be’ y hacemos quilombo”, le dijo Santilli a Telerman, mientras éste le contaba el evento. Ya lo dijo el director de teatro inglés Peter Brook: “Las seis palabras más simples de la lengua inglesa son ‘To be or not to be’ (Ser o no ser); no hay un rincón en el planeta donde estas palabras no hayan sido traducidas”. Más allá del equívoco de la asociación entre el monólogo de “Ser o no ser” y el príncipe de Dinamarca sosteniendo una calavera –cuando lo recita, no lleva nada en la mano–, no hay ejemplo que demuestre mejor cuán universal puede ser este autor.
 
por Ivanna Soto
Fuente: 

Diario Clarín 22/11/2016

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