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Tras 44 años, Robledo Puch salió de la cárcel por 12 horas

El reloj marcaba las 9.30 de una mañana gris y fría en San Isidro cuando Patricio, un docente que da clases en empresas para capacitar a empleados, se detuvo a mirar la guardia periodística y preguntó: "¿Quién está, Lázaro Báez?". No, la persona que había entrado en medio de un importante operativo de seguridad en la Asesoría Pericial local no era el empresario patagónico acusado de lavado de dinero: era Carlos Eduardo Robledo Puch, el mayor asesino serial de la historia criminal argentina, que lleva 44 años preso y salió por primera vez de la cárcel de Sierra Chica para una revisación médica debido al deterioro de su salud.

Robledo Puch, de 64 años y que sufre de asma y de enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) leves, llegó a San Isidro en una camioneta del Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB). Llevaba un pantalón de vestir, un impermeable y un chaleco antibalas.
 
En total, quien se hizo conocido como "el ángel de la muerte", detenido en 1972 y condenado por 11 homicidios, 17 robos y dos violaciones, estuvo 12 horas fuera de la cárcel de Sierra Chica. Salió del penal poco antes de las 4 de ayer y regresó a su calabozo pasadas las 16. Viajó casi 720 kilómetros entre ida y vuelta.
 
"Tanto en la ida hacia San Isidro como en el regreso al penal Robledo Puch estuvo de muy buen ánimo", dijo a LA NACION una fuente oficial. La camioneta que lo trasladó fue escoltada por una comisión especial del SPB.
 
El Robledo Puch que se vio ayer al bajar y subir de la camioneta penitenciaria en la playa del estacionamiento de la asesoría pericial de San Isidro, en Moreno al 600, es muy distinto al de la recordada imagen desafiante de cuando fue detenido, el 3 de febrero de 1972, con sólo 20 años. De aquellos rulos dorados no queda más que una pelusa gris, su rostro refleja el paso de los años y su mirada se podría confundir con la de cualquier abuelo.
 
"No nos dirigió la palabra. No hizo comentarios. Mucha sangre fría el hombre...", contó a LA NACION uno de los uniformados de la policía bonaerense que se cruzaron con Robledo Puch en la dependencia judicial.
 
"El ángel de la muerte" es un viejo conocido de la zona norte: de chico vivió en Tigre y en Villa Adelina, y la mayoría de los homicidios por los que fue condenado fueron en Olivos.
 
Ayer no tuvo palabras amenazantes, como cuando lo condenaron en 1980 a reclusión perpetua más la accesoria de reclusión por tiempo indeterminado por diez homicidios agravados, un homicidio simple, 17 robos y dos casos de abuso deshonesto. Según se dijo en aquel momento, las últimas palabras que dedicó al tribunal que lo condenó fueron: "Esto fue un circo romano. Algún día voy a salir y los voy a matar a todos". Hasta hoy él niega haber hecho esa declaración.
 
El paisaje de San Isidro y las localidades vecinas que ayer observó a través del parabrisas del vehículo oficial es muy distinto del que veía cuando andaba a toda velocidad con sus autos por la zona norte del conurbano.
 
Males pulmonares
 
Esta vez el viaje tenía un motivo distinto al de sus andanzas. La Sala I de la Cámara de Apelaciones de San Isidro ordenó que fuera sometido a una serie de controles médicos.
 
Según pudo saber LA NACION, el EPOC está asociado a su asma; son de carácter leve y se lo trata con sendas medicaciones. Los peritos médicos le hicieron una evaluación física general; lo encontraron bien de peso, lúcido y orientado.
 
Tiempo atrás, Robledo Puch se negó a ir al edificio de los tribunales de San Isidro, en Ituzaingó 340, para entrevistarse con un juez de la Cámara de Apelaciones. Según recordaron fuentes judiciales, "el ángel de la muerte" quería que el magistrado fuera a Sierra Chica, porque él no quería salir del penal.
 
También cuentan que, a diferencia de lo que ocurría en su adolescencia y su juventud, cuando disfrutaba de la velocidad de los autos, uno de los motivos de su resistencia a salir de la cárcel era su temor a subirse a un vehículo, que nació después de que se enteró del vuelco de una camioneta del SPB que debía trasladarlo.
 
Otro motivo de angustia de Robledo Puch por el traslado hasta San Isidro fue que la camioneta debía hacer una "escala" en la cárcel de Olmos, donde iba a tener contacto con otros presos que no conoce.
 
El 23 de marzo pasado, el juez de Ejecución de la Cámara de Apelación y Garantías de San Isidro, Duilio Alberto Cámpora, rechazó un planteo del defensor de Robledo Puch para que recupere su libertad.
 
Ayer, Marcela, una vecina de San Isidro que volvía de hacer las compras, se detuvo ante el garaje de la asesoría pericial y dijo tímidamente: "Cómo se arruinó la vida. Era un niño". Eran las 10.45 y la camioneta del SPB con Robledo Puch estaba a punto de regresar a la cárcel.
 
por Gabriel Di Nicola
Fuente: 

Diario La Nación 11/5/2016

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