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Inauguran una muestra en la Biblioteca Güiraldes

Quiroga y la selva, una exploración a 80 años de su muerte

No se puede evocar la obra del escritor y poeta Horacio Quiroga sin trasladarse a la selva. A pocos días de que se cumplan 80 años de su muerte, la Dirección General del Libro porteña lanzará, el jueves, una serie de homenajes que abarcará un mes y reflejará ese escenario. El escritor, nacido en Salto (Uruguay), vivió parte de su vida en San Ignacio, Misiones, y supo trasladar a sus relatos una atmósfera en que la naturaleza se vuelve amenazante y majestuosa a la vez, escenografía del drama humano.

La sede será la Biblioteca Ricardo Güiraldes. Este jueves, a las 19.30, se presentará Terror Nocturno, una performance en que actores representarán relatos del autor de Cuentos de amor, de locura y de muerte. La actividad, gratuita y coordinada por la cuentista Virginia Gallardo, propone interacción con el público. Se pondrán en escena relatos como La gallina degollada y El almohadón de plumas.
 
se mismo día, quedará inaugurada La impunidad de la selva,una muestra con 22 imágenes tomadas por la fotógrafa misionera Irupé Tentorio en ese paisaje que fue lugar de residencia e inspiración fundamental para la construcción literaria de Quiroga. Tentorio recorrió la cuenca del Paraná, el Parque Provincial Teyú Cuaré y la casa del escritor, que hoy es un museo aunque, paradójicamente, continúa como lugar de difícil acceso por su geografía.
 
El ensayo fotográfico reinterpreta el perfil de la selva, exuberante y que a la vez intimida. Se presentará acompañado por fragmentos de la obra del autor, incluyendo algunos textos inéditos. También, un poema que le dedicó a Quiroga Alfonsina Storni y que en uno de sus versos dice: “No se vive en la selva impúnemente”.
 
Sobre el viaje que la llevó a sumergirse en ese paisaje, reconstruyendo el trabajo del escritor, Tentorio le contó a Clarín: “Estar ahí, sigue siendo estar en el medio de la nada; un espacio donde el sistema no entró. Da lugar a lo más terrible tanto como a lo más contemplativo”.
 
El autor de Cuentos de la selva y Los desterrados llegó a San Ignacio por primera vez en 1906. Compró 185 hectáreas junto al Paraná y empezó a edificar. En 1909, se mudó con su esposa, Ana María Cirés, una mujer mucho menor que él que años después se suicidaría. Hizo vino de naranjas, ensayó nuevas técnicas para fabricar carbón, pescó en el Paraná, elaboró anilinas, fabricó mosaicos y fue carpintero. En el pueblo, lo veían como a alguien hosco. Se quedó hasta 1916. En 1932 volvió a Misiones con María Elena Bravo, su segunda esposa. Pero María Elena lo dejó; él, ya estaba enfermo y en 1936 debió regresar a a Buenos Aires.
 
Un 19 de febrero de 1937 se quitaría la vida, aquejado por un cáncer de próstata. Fue el final trágico para una vida que había atravesado numerosas tragedias. Tenía dos meses cuando su padre se mató accidentalmente en una cacería, en Salto, Uruguay. Años después, su padrastro se quitó la vida frente a él, cuando transcurría la adolescencia del narrador, en otro de los hechos que lo marcó.
 
Comparado con Edgar Allan Poe -a quien admiraba-, su obra literaria se ganó un espacio insoslayable en la narrativa latinoamericana.
 
Ficha
 
La impunidad de la selva.
 
Muestra de fotos, en Talcahuano 1261. Se inaugura este jueves, a las 19.30, y se podrá ver de lunes a viernes, de 12 a 20.
Fuente: 

Diario Clarín 13/2/2017

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