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anticipo exclusivo del libro de juan b. yofre

Perón, Villar y la guerra a la subversión

Relato sobre cómo el ex presidente eligió al comisario para combatir a los Montoneros.

 Comisario Alberto Villar

Por expresa disposición de Juan Domingo Perón se designa al comisario Villar como subjefe de la Policía Federal. La Carpeta Azul.

Después del ataque del PRT-ERP a Azul, Perón citó en su residencia de Gaspar Campos al comisario general Alberto Villar, el mismo oficial que había investigado el asesinato del ex presidente Pedro Eugenio Aramburu (1970) y el secuestro seguido de muerte del presidente de la Fiat, Oberdan Sallustro (1972).

Poco tiempo antes de la transferencia del mando al presidente Héctor Cámpora, el 3 de enero de 1973, Villar pasó a situación de retiro. Había recorrido todo el escalafón jerárquico de su fuerza y era uno de los pocos jefes de las fuerzas de seguridad que tenía un conocimiento profundo del fenómeno subversivo en la Argentina. Lo había enfrentado con dureza y decisión. Y por eso se iba.

En enero de 1974, Perón ya estaba al tanto de lo que tenía que afrontar, aunque no en su verdadera dimensión: no dejaba de decir que a la subversión la corría con la Policía.

Con el asesinato de Rucci tuvo la certeza de que FAR y Montoneros habían retomado la acción armada. “Perón allí decide que va a terminar con esos sectores”, observó Juan Manuel Abal Medina. Julio Santucho, hermano del líder del PRT-ERP, diría en su libro Los últimos guevaristas que durante “el último año de su vida, más que gobernar, Perón se dedicó a combatir a la izquierda. Y desplegó una estrategia basada en la utilización combinada de métodos legales e ilegales”.
Según la historia oral, el comisario Villar en Gaspar Campos se encontró con un Perón enojado. Tras unas palabras de bienvenida, el dueño de casa le expresó su preocupación acerca del desarrollo del fenómeno subversivo y le pidió que se hiciera cargo de la subjefatura de la Policía Federal, con amplios poderes para designar a sus colaboradores.

Para los que lo conocieron, Villar habría aclarado “No soy peronista”, a lo que Perón respondió que eso lo sabía, pero que lo convocaba porque “la Patria lo necesita”.

De todos modos, ésta es una versión al menos incompleta del encuentro.

En realidad, Villar no fue solo a la reunión con Juan Domingo Perón: llevó a dos personas más porque sabía lo que le iban a ofrecer y necesitaba hacerle una pregunta al presidente de la Nación. Como el dueño de casa no se podía exponer a un desplante, se había asegurado conocer de antemano la posible respuesta positiva del jefe policial. El ministro Llambí, como vimos, había operado previamente.

¿Por qué Villar fue acompañado a Gaspar Campos? Según explicó: “Yo necesito que ustedes lo escuchen, y lo necesito porque me van a secundar. Y él va a dar las órdenes y quiero que las escuchen de manera directa”. En un momento del encuentro se produjo el siguiente diálogo:
Villar: -Señor presidente, ¿tenemos mano libre para terminar con la subversión?

Perón: -Para eso lo he llamado, necesito poner orden.

Villar: -Señor presidente, ¿me permite una pregunta? Necesito hacérsela.

Perón: -Pregunte. Estamos en confianza.

Villar: -Usted me está ordenando que nosotros lo ayudemos a poner orden, y vamos a cumplir. Ahora, con el respeto que se merece, ¿usted sabe que hay gente con la que usted trata que no está de acuerdo con la convivencia democrática? Algunos hablan en su nombre pero en la intimidad dicen de usted barbaridades.

Perón: -Comisario, en mi gobierno nadie tiene “coronita”. ¿Usted está al tanto de quiénes son todos los jefes del terrorismo?

Villar: -Sí, señor. Aquí tengo algunos antecedentes.

En ese momento el jefe policial le entregó una carpeta de tapas color azul marino y letras doradas que rezaba: “Policía Federal. Superintendencia de Seguridad Federal. Dirección General de Inteligencia”. Y en letras más grandes: “Album fotográfico de extremistas prófugos”.

Perón abrió la carpeta, la observó un rato en silencio y, guiñándole un ojo, le dijo: “Pensé que habían quemado todos estos expedientes. ¿No fue ésa la orden del ‘jovencito’ Righi?” (en realidad pronunció “Riggi”). Villar repuso: “Señor presidente, si me permite, le voy a responder con una gran enseñanza suya. No quemamos nada porque ‘los hombres son buenos, pero si se los vigila son mucho mejores’”.

Perón no tuvo otro remedio que reírse, y palmeándolo le dijo: “Bueno Villar, lo he convocado para que me ayude a poner orden. Cuenta con mi confianza: proceda ... y déjeme la carpeta”.

A la salida, uno de los acompañantes, con aire de preocupación, le dijo al nuevo subjefe de la Policía Federal: “Le dejamos la carpeta, ¿qué va a hacer con ella? ¿La carpeta tiene todo?”. A lo que Villar contestó: “No le puse todo, sólo algunos antecedentes. Toda la información la tenemos nosotros, ahora lo vamos a ayudar”. Mirando al otro acompañante, preguntó: “¿Escuchaste bien, Negro? Entonces, ahora, piña, patada y máquina”.La Carpeta Azul estuvo en poder de Perón hasta enero de 1974, cuando se mudó a Olivos. Contenía los antecedentes de importantes jefes de las organizaciones armadas.

Cada biografía estaba acompañada por la foto correspondiente. Queda claro que para la época la carpeta ya tenía datos desactualizados y Perón a través del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) contaba con información más calificada.

Con la perspectiva que da el paso de los años se puede decir que había personajes que sobraban y varios que faltaban.

Lucha de aparatos y represión

El fallido intento de copamiento –en enero de 1974– de una poderosa guarnición militar en Azul, dejó en claro que el ERP iba a llevar a la práctica su consigna de “ninguna tregua al ejército opresor”.

Poco importó a lo seguidores de Mario Roberto Santucho que Juan Domingo Perón hacía 3 meses que era presidente por tercera vez con más del 60 por ciento de los votos.

Además de promover la renuncia del gobernador bonaerense Oscar Bidegain (alineado con la izquierda del PJ), Perón convocó a l servicio activo al comisario Sergio Villar para combatir a la subversión.

Perón estaba furioso que dos días después de su triunfo electoral (el 26 de setiembre del 73) un comando de FAR- Montoneros asesinara a José Rucci. Estaba convencido de que estas organizaciones guerrilleras no iban a entregar las armas y que la pelea sería a muerte, pese a la tregua que habían abierto.

El ERP primero y Montoneros privilegiaron la lucha armada, fieles a la concepción foquista que los animaba. En ese toma y daca que fue la guerra de aparatos, Montoneros se jactó de “haber matado un cuadro del enemigo” haciendo volar la lancha de Villar en el Delta, en noviembre del 74.

Pero sirvió de muy poco: penetrados por los servicios de inteligencia ERP y Montoneros fueron desarticulados y la mayoría de sus líderes muertos. La represión ilegal y desmedida que Villar contribuyó a diseñar, tiñó de sangre al país y produjo secuelas que aún perduran.

 

Fuente: 

Diario Clarín 27/6/2010

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