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EMILIO SALGARI

Navegar no es necesario, vivir lo es

Mar del Plata, verano de 1981. La peatonal San Martín es un hormiguero y en medio de bronceados, camisas blancas, suéters enlazados en el medio del pecho, un par de ojos de niño buscan en las mesas de una librería un ejemplar soñado: Los dos tigres, de Emilio Salgari. O lo que vendría a ser, para ese niño de 10 años que hoy recuerda, la figurita difícil de la saga de Sandokán, el Tigre de la Malasia, en su lucha contra los Thugs, los temibles seguidores de la sangrienta Diosa Khali. El descatalogado de la colección Robin Hood: no reeditado. En medio de best-sellers playeros, dos volúmenes ilustrados de editorial Bruguera ponen el radar en alerta: Los estranguladores y Los dos rivales. Mi viejo, un salgariano old school, les pega un vistazo y me explica que esos dos libros juntos configuran el que estoy buscando. Felicidad.

Emilio Salgari (Italia, 1862-1911) fue, durante casi un siglo y para cientos de miles de jóvenes lectores, lo más parecido a una app de aventuras, emoción y geopolítica. Contemporáneo de Joseph Conrad, en comparación resultó una versión teen del escritor polaco, que fijó algunas de sus novelas más famosas (Lord Jim y El corazón de las tinieblas) en el sudeste asiático, parajes familiares de buena parte de la obra del italiano. Podría decirse que donde Conrad inspiró una obra maestra como Apocalypse Now, Salgari inspiró obras maestras como la saga de Indiana Jones. O algo así. Y que mientras uno sirvió a sus libros de sus viajes,experiencias, aventuras y exploraciones del lado oculto de la condición humana, el otro, si bien recibido capitán de navío de cabotaje, apenas salió más allá del Adriático.
 
No hay forma de no preguntarse cómo pudo Salgari, sin salir de la península, escribir con tanta autoridad sobre la Malasia, las Antillas, el oeste norteamericano, el Artico, Costa de Marfil o la lejanísima Sudamérica. Ver si no una de sus 84 novelas: El tesoro del presidente de Paraguay (1894), un guiño a Francisco Solano López y su lucha contra la Triple Alianza, que incluye el viaje en globo de dos piratas guaraníes por sobre la Patagonia argentina. “Navegar es necesario, vivir no es necesario”, sentenció Fernando Pessoa, un poeta que rozó la perfección y, que además de contemporáneo, poseía la nacionalidad de Yáñez, el lugarteniente portugués de Sandokán. Aunque en el caso del genovés, los versos se invirtieron. Para él, vivir (y escribir) era más necesario que navegar.
 
Más que un marinero de orillas, un navegador decimonómico sin internet. Un Google Earth de la aventura, capaz de producir a un ritmo de cuatro libros por año, para denunciar ser sistemáticamente estafado por sus editores. Hasta que se cansó. En 1911, angustiado por la falta de recursos, con su esposa Ida Peruzzi internada por demencia, decidió suicidarse haciéndose un harakiri. Dejó tres notas, una de ellas dirigida a sus editores: “A ustedes, que se enriquecieron con mi piel, manteniéndome a mí y a mi familia en una continua semimiseria o aún peor, sólo les pido que, en compensación por las ganancias que les proporcioné, se hagan cargo de los gastos de mis funerales. Los saludo rompiendo la pluma”.
 
Entre lo póstumo que puede conseguirse existe un Mis memorias del que vale la pena spoilear: no lo compren. Un ghost writer se encarga de copiar el estilo con la idea, pergeñada por los hijo de Don Emilio, de fabular sobre una vida de aventuras que no existió.
 
Abril de 2017. Intentando recuperar libros de mi biblioteca infantil, perdidos o donados por mis padres a medida que las crisis los fueron obligando a achicar espacios, encontré Los dos rivales en un sitio de ventas por internet. El precio no era malo y la locación me quedaba de camino al trabajo. Al retirarlo, descubrí con mucha emoción mis iniciales en la página 3, escritas en marcador sylvapen verde. Me fijé que estuviera entero después de tantos naufragios y me fui al abordaje de un colectivo.
 
por José Bellas
Fuente: 

Diario Clarín 3/5/2017

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