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CUBA ENTIERRA EL SIGLO XX

Murió Fidel Castro

Diez años después de la enfermedad que lo apartó de la primera línea de la política, Fidel Castro ha fallecido en La Habana a los 90 años. La muerte del dictador, convertido en un icono revolucionario del siglo XX, ha dividido nuevamente al mundo, entre quienes lo consideran un líder rebelde que resistió al capitalismo y desafió al «enemigo» norteamericano y los que ven en él a un tirano asesino que gobernó Cuba con mano de hierro durante cinco décadas.

A partir de ahora, se abren nuevos interrogantes sobre el futuro de la isla y, especialmente, sus relaciones con Estados Unidos.
 
Una calma tensa se vive en toda Cuba desde las once y media de la noche del ya histórico 25 de noviembre de 2016, cuando un anuncio breve, de apenas dos minutos, hecho por el general Raúl Castro por la televisión cubana, reconoció para el mundo la muerte de su hermano Fidel Castro. A esa hora, en Don Cangrejo, una discoteca frecuentada por decenas de jóvenes de la renaciente clase media cubana, formada por hijos de empresarios, funcionarios de alto nivel o dueños de negocios particulares, muchos se preguntaron por qué se interrumpió de repente la música, se apagaron las luces y se suspendió el concierto planificado.
 
Con la muerte de Fidel se comienza a cerrar una época en la isla. Y el cómo se cerrará una historia –que comenzó con el ataque al Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953– es una incertidumbre que ha paralizado casi por completo al país, más allá de las declaraciones oficiales de nueve días de duelo e innumerables homenajes y concentraciones en todo el país.
 
La Habana, repleta de turistas y policías, con o sin uniforme, era ayer sábado una ciudad plomiza, más allá del cielo encapotado de un invierno que se niega a comenzar. En el centro histórico de la ciudad, la gente hablaba bajo, la música estaba prohibida, y muchos propietarios particulares de cafeterías, bares y restaurantes prefirieron cerrar «porque aunque nadie me ha dicho que lo haga, es mejor así, porque aquí nunca se sabe», confesó uno de ellos, que como casi todos de los pocos que hablan sobre el tema prefirieron el anonimato.
 
La razón de la tensión, por mucho que se trate de disimular, estaba en el visible despliegue de policías uniformados y «segurosos» de civil por las calles, que de forma más o menos disimulada vigilaban la reacción de la gente común, incluso aunque las exequias oficiales no vayan a comenzar hasta mañana lunes, cuando se abra al público el mausoleo ubicado en los bajos de la Plaza de la Revolución, donde serán exhibidas las cenizas de Fidel Castro.
 
Oficialmente serán nueve días de duelo, desde las seis de la mañana de ayer y hasta las doce de la noche del 4 de diciembre. Dos días estarán expuestos los restos cremados del comandante en la plaza, y de ahí se trasladarán por tierra a Santiago de Cuba, la ciudad donde comenzó su lucha contra el dictador Fulgencio Batista.
 
Desde allí, un fotógrafo que intentó acercarse al cementerio de Santa Efigenia confirmó a LA RAZÓN que el clima es mucho más tenso en Santiago, donde serán sepultados los restos del comandante, en un mausoleo anexo al del héroe nacional José Martí. Poco se sabe de lo que pasará hoy, excepto que ya están casi cerrados casi todos los accesos a la Plaza de la Revolución, donde tantos discursos pronunció Fidel Castro y en la cual el día 29 a las siete de la noche se le rendirá homenaje en una concentración que posiblemente sea la más grande que haya visto Cuba en los últimos años, donde las celebraciones oficiales y las otroras gigantescas marchas políticas han disminuido ostensiblemente.
 
Fidel será cremado por su voluntad expresa, según anunció su hermano Raúl, que lo sustituyó en 2008 cuando enfermó y que desmintió así los rumores o «bolas» que circulaban en los últimos tiempos entre los cubanos, que creían que podía ser «embalsamado» como lo fue Lenin, el líder comunista ruso que creó la Unión Soviética.
 
Después de que pasen las exequias, es cuando verdaderamente se comenzará a perfilar mejor el futuro de Cuba, que muchos ven cada día más complicado, con un Donald Trump que parece estar decidido a romper todo lo que intentó edificar Obama, especialmente cuando en las últimas horas tuiteó que había muerto un «dictador».
 
Muchos se preguntan si con la muerte del comandante se mantendrá la palabra de su hermano, que prometió retirarse oficialmente en 2018, y comenzarán a concretarse realmente los cambios políticos, económicos y sociales que la gente pide por lo bajo y la disidencia de adentro y de afuera reclama a gritos.
 
Otros creen que habrá que esperar a que el general de Ejército Raúl también se vaya para que comience una transición verdadera, aunque la mayoría cree que pasarán años antes de que la fisonomía del país que moldearon Fidel y sus «compañeros» a su antojo realmente se transforme.
 
Por ahora, tras los consabidos discursos, la programación especial televisiva y los mensajes de condolencia que llegan desde todas partes del mundo, o las celebraciones en Miami, lo que hay es una inmensa incertidumbre sobre el mañana. Por eso es tan grande la tensión en la Cuba del día después de la muerte del comandante, donde todo el mundo sabe que un Castro ha muerto, pero sigue gobernando Castro.
 
Diario La Razón 27/11/2016
 
 
Contrastes en la relación con el "Che"

Se conocieron en 1955, en México, y años después Guevara se alejó de La Habana
 
Fidel Castro encarnó un torrente de vivencias contradictorias. Erigido en jefe supremo de una revolución que prometía la redención de los pueblos oprimidos, condujo un sistema de gobierno dictatorial y La Habana fue, a lo largo de más de cinco décadas, el foco irradiador de un totalitarismo que copió y reprodujo los lineamientos del modelo soviético stalinista.
 
 
Tras su primer gesto de rebeldía contra el régimen del coronel Fulgencio Batista, fue encarcelado y sometido a proceso. Liberado a comienzos de 1955 en virtud de una amnistía presidencial, se exilió en México, donde comenzó a organizar su movimiento revolucionario. Allí conoció al médico argentino Ernesto "Che" Guevara, con quien se instaló en la Sierra Maestra e inició su célebre campaña revolucionaria.
 
Con los años, algunas desinteligencias llevaron a Guevara a alejarse de Cuba en 1965 para desarrollar acciones revolucionarias en otras latitudes.
 
"Que si me llega la hora definitiva bajo otros cielos, mi último pensamiento, será para este pueblo y especialmente para ti." Con esas palabras despidió el "Che" a Castro cuando partió hacia Bolivia, en una carta que el líder cubano leyó en público el 3 de octubre de 1965, en La Habana.
 
La frase escrita por el argentino es un botón de muestra de la estrecha relación que ambos personajes históricos tuvieron a lo largo de una década.
 
Castro y Guevara se habían conocido el 7 de julio de 1955, en México, cuando Raúl Castro le presentó el argentino a su hermano mayor, que llegaba de Cuba tras ser amnistiado.
 
Dos semanas después, Fidel le ofreció unirse al Movimiento 26 de Julio como médico, pese a que no tenía ninguna experiencia militar. Al poco tiempo, el argentino ya estaba entrenando con el resto del grupo de revolucionarios que pretendía desembarcar en la isla para derrocar a Batista.
 
En junio del año siguiente, los hermanos Castro, Guevara y la mayor parte del grupo del grupo fueron arrestados por la policía mexicana. Los interrogaron y allí el argentino declaró abiertamente ser "comunista", lo que demoró su liberación. Según testimonios del propio Castro, el "Che" defendía a Marx y a Lenin, pero criticaba con dureza a Stalin.
 
Enemigo de las estructuras burocráticas, Guevara privilegiaba su espíritu idealista y se definía como un revolucionario. Por eso no se sentía cómodo con la Banca Nacional y el Ministerio de Industria y Economía que el líder de la revolución le encomendó conducir. La renuncia del comandante Huber Matos y la desaparición de Camilo Cienfuegos pesaron, también, en su decisión de partir a la aventura que lo llevó finalmente a Bolivia, donde encontró la muerte, en octubre de 1967.
 
Treinta años después, en octubre de 1997, Fidel Castro recibió sus restos en una monumental ceremonia. "No venimos a despedir al «Che», venimos a recibirlo. Gracias «Che» por tu vida y ejemplo, gracias por venir a reforzarnos en esta difícil lucha que estamos librando", dijo el comandante de la revolución en el histórico acto celebrado en la Plaza de la Revolución.
 
Diario La Nación 27/11/2016
 
 
 
LA SALUD DE Fidel
El cáncer que no fue
Castro forzó malas decisiones sobre su tratamiento. La verdad de sus males.
 
El 26 de julio de 2006 comenzó temprano para Fidel Castro. Su primera actividad fue la visita a la ciudad de Bayamo, injustamente relegada por la historia ya que, en la estrategia diseñada para el ataque al Moncada, la toma de esta plaza fue de vital importancia debido a su condición de punto clave para la comunicación con Santiago de Cuba.
 
Alrededor de las siete de la mañana, Castro pronunció su primer discurso. Todo parecía ser fiesta y alegría. Sin embargo, en el entorno del líder comenzó a aflorar cierta preocupación. Lo veían menos apasionado que otras veces y les había llamado la atención la “brevedad”de los discursos: Dos horas el de Bayamo y sólo cincuenta minutos el de Holguín. Pero al margen de esos detalles, nadie imaginaba lo que estaba sucediendo. La verdad es que, a esa altura del día, los dolores abdominales que estaba padeciendo Fidel eran insoportables e iban en aumento. “Pensé que era el fin”, confesaría tiempo después. No sabía que esos dolores marcaban el comienzo de un abdomen agudo quirúrgico que obligó a que se lo trasladara de urgencia por vía aérea al hospital del Centro de Investigaciones Médicas y Quirúrgicas (Cimedq) en La Habana.
 
El 27 de julio, la salud de Castro empeoró. Hubo que realizarle una delicada y compleja operación.
 
El origen de todo esto fue una diverticulitis. Los divertículos son pequeñas bolsas que sobresalen del tubo digestivo, producidas por una pulsión secundaria a un aumento de la presión intraluminal, que se originan en el colon, predominantemente en la región sigmoidea. La enfermedad causada por los divertículos se llama diverticulosis, y puede ser asintomática. La diverticulitis es la inflamación de los divertículos, y su causa más frecuente es la infección.
 
Al infectarse e inflamarse, los divertículos pueden perforarse, con lo cual la materia fecal se vuelca en el peritoneo y produce una peritonitis fecal, una complicación severa y peligrosa.
 
A Fidel Castro, la diverticulosis se la diagnosticaron en 1970 y en 1980 debió ser operado por una complicación.
 
En esa dramática jornada del 27 de julio, ya con el paciente en la sala de operaciones, el cirujano debió elegir entre dos opciones. La primera consiste en una ileostomía, que es la apertura de un ano artificial en el abdomen durante una semanas, a la espera de que la infección se controle y la parte del colon afectada se recupere. Durante ese tiempo, el paciente defeca en una bolsa de colostomía. Finalmente se procede a realizar una segunda operación, una vez que se ha curado la infección, en la que se reconecta el intestino con el recto y se restablece la dinámica de funcionamiento del colon.
 
La segunda opción es la operación en un tiempo, en la que el cirujano extirpa las partes del colon afectadas y las reconecta inmediatamente. Esta fue la opción que eligió quien operó a Fidel. Claramente, fue una decisión errónea.
 
A cagar. La historia cuenta que cuando el cirujano le planteó al comandante la conveniencia de realizar una operación en dos tiempos, éste se opuso terminantemente con una frase que retumbó en cada rincón del quirófano: “De ninguna manera usted me va a hacer un ano contranatura; yo voy a seguir cagando por donde caga todo el mundo”.
 
Como no podía ser de otra manera, la evolución del paciente no fue buena. La infección no curada impidió que la unión entre el colon y el recto cicatrizara bien, por lo que la sutura se abrió y el abdomen se inundó de material fecal, lo que forzó a una segunda operación en la que hubo que extirpar gran parte del intestino grueso y dejar a Fidel con un ano artificial permanente. Su mal estado general más el agregado de una infección en las vías biliares complicaron aún más su situación; esta última patología, llamada colecistitis alitiásica (sin cálculos), tiene una altísima mortalidad, lo cual alarmó mucho a los médicos. Empezó allí un verdadero calvario tanto para el paciente como para sus médicos. La situación empeoraba día tras día. Los rumores inundaron la isla y se expandieron por todo el mundo. Esos rumores coincidían en un diagnóstico: cáncer. “Fidel tiene un cáncer” afirmó el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva. La indiscreción, que sorprendió, obligó al gobierno cubano a una rápida y terminante desmentida. Lo mismo ocurrió con las versiones que, en igual sentido, hizo correr la CIA. Lo cierto es que Castro no tenía cáncer, a pesar de lo cual no sabían qué era lo que estaba dificultando la recuperación del paciente.
 
Por lo tanto se tomó una decisión: consultar al doctor José María García Sabrido, un prestigioso cirujano general del hospital Gregorio Maranón de Madrid. Así, un avión especial fue fletado hacia Madrid para recoger al destacado cirujano español, que se embarcó llevando un equipamiento especial del que carecían los centros médicos en La Habana. Este hecho dio pie a un incidente diplomático luego de que la alcaldesa de Madrid expresara su disgusto por haberse tomado insumos que habían sido sacados del nosocomio sin la autorización de su dirección.
 
Ya en La Habana, García Sabrido hizo una rápida consulta y, tras ver al paciente, llegó a un diagnóstico preciso: Fidel no tenía cáncer y lo que presentaba era un cuadro de desnutrición a causa de un tratamiento erróneo. Por lo tanto, se hizo cargo del paciente y ordenó comenzar con alimentación parenteral según el esquema que aplicaba en su práctica madrilense. Alertó de la importancia de seguir sus indicaciones en forma estricta y de alejar al comandante del estrés de la tarea gubernamental.
 
La vida cambió definitivamente para Fidel Castro. A partir de ahí el cuidado de su salud pasó a ser el tema central de su vida. La adaptación a su nueva situación incluyó un acompañamiento psicológico, en cuya implementación jugó un rol importante el doctor García Sabrido, quien regresó un par de veces a la isla a visitar a su paciente, que periódicamente visitaba el Cimedq para análisis de control y limpieza de su colostomía.
 
“Me está llegando la hora, pero quedan las ideas de los comunistas cubanos”, dijo Fidel Castro en una de sus últimas apariciones. Esa respuesta la dará el tiempo.
 
por Nelson Castro - Diario Perfil 27/11/2016
 
 
La agitada vida sentimental de Fidel

 
El nombre de José Raúl Fernández en el título de graduación de Fidel Castro Díaz -Balart como físico nuclear del Instituto de Energía Atómica Kurchatov, en el Moscú de 1974, era falso. Tan falso como que el joven científico fuera el hijo mayor del coronel Narciso Fernández, por entonces agregado militar de Cuba ante la URSS. El militar apenas había prestado su apellido, por órdenes superiores, para proteger la identidad del primogénito de Fidel durante sus secretos años de estudio en la URSS. El tiempo dejaría saber que tampoco era cierta esa condición de primogénito. En 1990 Fidel confesó a Vanity Fair que creía que sus hijos eran "menos de una docena". Una rara alusión a su vida íntima, celosamente resguardada del escrutinio público.
 
Las identidades de esposas, sorprendentes amantes o la variada prole engendrada en frecuentes paréntesis de descanso revolucionario -así como sus múltiples hogares, fugaces o perdurables- forman parte de la bien nutrida leyenda personal del comandante en jefe. El primer vástago reconocido de Fidel responde al nombre de Jorge Ángel Castro López. Hijo de una efímera relación con Amalia López, una mujer prácticamente desconocida, fue registrado legalmente en Santiago de Cuba en 1949, con algunos meses de diferencia del nacimiento en La Habana de Fidelito, su más famoso medio hermano y el más parecido a su padre. Jorge Ángel, así nombrado en tributo a su abuelo paterno -el terrateniente gallego Ángel Castro Argiz- continuó la tradición familiar, llamando a su vez Lidia, Fidel y Raúl a sus trillizos nacidos en 1978, el hecho de mayor notoriedad en la vida de ese discreto químico, que según testimonios recurrentes, ha cargado con más pena que gloria las circunstancias de su filiación.Dos mujeres muy diferentes, Mirta Díaz-Balart y Dalia Soto del Valle, comparten con tres décadas de diferencia en sus respectivas uniones, la distinción de legítimas esposas del más longevo dictador cubano, antes y después de su ascensión a esa categoría histórica.La joven Díaz-Balart muestra la espléndida belleza criolla de sus 22 años en las fotos junto a un atildado Fidel Castro, en su primera y única comparecencia ante un altar matrimonial el 12 de octubre de 1948. Seis años después sucumbiría, en tono de sainete, el compromiso iniciado con luna de miel en Nueva York y auto descapotable financiados por la generosa billetera paterna del novio, y hasta un cheque de Fulgencio Batista, futuro enemigo mortal. Desde el Presidio Modelo de Isla de Pinos, donde cumplió 22 meses de prisión por el asalto al Cuartel Moncada, la imprudente correspondencia de Fidel, al parecer equivocada ex profeso por las autoridades carcelarias, alertó a la esposa, ya acostumbrada a la desatención crónica del hogar y del pequeño Fidelito, de la existencia de Naty Revuelta, una aristócrata revolucionaria de ojos claros y espléndido porte, que había compartido furtivamente el lecho de Castro, pese a su condición de mujer casada. Mirta no resistió la evidencia y solicitó el divorcio, único también en la larga vida del futuro Máximo Líder. Del reencuentro con Naty Revuelta tras casi dos años de presidio nació, en marzo de 1956, Alina Fernández Revuelta, sin duda la más rebelde y polémica de la prole. Su huída de la isla en 1993 gracias a un falso pasaporte español es un episodio a la altura de la azarosa historia familiar y abrió el camino para que su hija, Alina Salgado Momín sea, hasta el momento, la única familiar de Fidel con ciudadanía de EEUU.Cronológicamente, Celia Sánchez se sitúa en la biografía del Comandante tras Naty Revuelta, aunque con una categoría mucho más importante pero indefinida. Compañera inseparable día y noche durante la campaña en la Sierra Maestra, permaneció al lado de su héroe barbudo hasta su muerte en 1980. No fue sino entonces que Dalia Soto del Valle, quien ya había engendrado cinco varones en el otro hogar de Fidel Castro, se convirtió en su segunda y última esposa. Dalia -Lala para los íntimos- estuvo presente en la vida de Castro desde su primer encuentro en Trinidad, en los años 60, en una relación ferozmente protegida del público. Ahora, ya anciana, reina con mano de hierro en Punto Cero, el complejo de viviendas donde se asienta el clan de sus hijos Alexis, Alex, Alejandro, Antonio y Ángel y un creciente rosario de nueras, nietos y relatos indiscretos de la vida cotidiana de Fidel.Las aventuras sentimentales del caudillo muerto merecerían un capítulo aparte. Comenzaría quizá con la alemana Marita Lorenz, la Mata Hari de esta historia, quien reclama un hijo desaparecido antes de nacer y afirma haber visto en 1959 a Ava Gardner salir de la habitación de su fogoso amante, hasta concluir en Juana Vera García, su eficiente traductora al inglés, que lo consideró en un elogio público «el hombre más grande que dio el Siglo XX». La lista incluiría nombres de bailarinas de Tropicana como el de Regla Becerra, o de esposas de miembros de su Gabinete, como Lupe Véliz y muchas otras categorías. Como sentenció en brutal elogio su discípulo Hugo Chávez: «Fidel es un atacón de mujeres... les da 20 besos y se pone como un gallo esponjado».
 
por Alcibíades Hidalgo, graduado en Periodismo en la Universidad de La Habana, fue durante 12 años jefe del despacho de Raúl Castro y posteriormente embajador de Cuba ante Naciones Unidas; vicecanciller y miembro del Comité Central del Partido Comunista. En julio de 2002 se exilió en EEUU tras hundirse en las islas Marquesas la balsa en la que huyó de Cuba.
Diario El Mundo 27/11/2016
 
 
Perón sabía que el experimento cubano fracasaría
 
El General tenía claro que la experiencia revolucionaria no era exportable al continente, y por eso debió soportar ser tildado de “derecha” por muchos de sus seguidores. La historia, una vez más, le dio la razón
Por Julio Bárbaro 
 
No era inmortal, hubo un tiempo donde albergó todos los sueños. Nació como bandera contra la injusticia y el autoritarismo. Cuando el marxismo avanzaba en el mundo, cuando la Unión Soviética se encontraba con la China de Mao y el Vietnam de Ho Chi Ming, Cuba fue la vanguardia revolucionaria del continente. Formó guerreros en sus tierras, exportó revoluciones, la imagen del Che era un símbolo universal de la rebeldía. Eso sí, el marxismo nunca se animó a convivir con la democracia, la justicia distributiva quedo pegada al autoritarismo para siempre. Ese que sigue vigente en China, ese que tiene presencia en la Rusia de Putin. No lograron asociar la justicia con la libertad y entonces la justicia se fue volviendo discutible, las burocracias se instalaron en el espacio que decían ocupaban los pueblos.
 
Fidel murió pero ya se había retirado, era su hermano el encargado de retornar al mundo occidental. Del viejo marxismo sólo quedaban algunos grupos instalados en el espacio del poder. China retornaba a su vocación imperial, Rusia intentaba un camino parecido con menos éxito y Corea del Norte habitaba más cerca del grotesco que del marxismo. La globalización intentaba instalar a los grandes capitales por encima del poder de las naciones como variante más nefasta del capitalismo despiadado donde la concentración destruía a las mismas virtudes de la competencia.
 
Visité Cuba cinco veces, quizás más, pude dialogar con sus intelectuales y con sus ciudadanos, hasta tuve el honor de encontrar al amigo Chacho Jaroslavsky en su proceso de recuperación. Había salud y educación a pleno, luego una vida compleja donde se cruzaban la frustración del sistema con la alegría vital de su pueblo. Y la necesidad, la urgencia de todo, la ausencia de todo, presente siempre en una sociedad que en ese entonces ni tenía vidrieras. Ellos reían marcando que no había sobrepeso, las bicicletas ocupaban el lugar del transporte público que era tan escaso como incómodo.
 
Años exportando violencia destinada al fracaso, millares de vidas sin ningún triunfo, un espacio de los sueños que sólo conducían al suicidio. El General Perón había nombrado un sucesor, el prestigioso John William Cooke, quien se enamoró de la Revolución Cubana, una discusión que llevó a algún extraviado a imaginar que por negarse a vivir en la isla Perón era de derechas. El General sabía de sobra que la experiencia de una isla no era exportable al continente. Y que estar en contra de un imperio no implicaba ni permitía caer en manos del otro. Y Cuba había terminado dependiendo de la Unión Soviética.
 
Gelbard, ministro de Perón, nos contaba que el General ordenó ayudar a Cuba y venderles automóviles, que quizás nunca pagarían. Las fábricas que eran subsidiarias de los Estados Unidos se negaban a entregarlos. El General le dijo: "Avise que si no los entregan las nacionalizamos" y los coches argentinos todavía recorren la isla. Fabricábamos aviones y desde ya vagones, la supuesta izquierda cristinista importó vagones y hasta durmientes. Cipayos infiltrados en el movimiento nacional.
 
Cuba fue el espacio de los sueños de juventud, como el marxismo, como la revolución. El bloqueo imperial fue una limitación pero también una excusa. Chávez les aseguro su sobrevivencia final, claro que la burocracia y el culto a la personalidad impidieron que fuera un ejemplo con fuerza de mayorías. Cuba terminó habitando los claustros universitarios, el turismo alteró para siempre su siesta aislada del mundo y aparecieron los comercios y las vidrieras. Con el turismo volvió el capitalismo. Complejo, sólo los países nórdicos lograron construir sociedades justas e integradas en el seno de la democracia. La iniciativa privada es imprescindible, tanto como la limitación a la concentración del capital, que es su peor enemiga. En Cuba todo era del Estado y con los años esa situación terminó en la imposición desmesurada de la burocracia.
 
Hubo un tiempo donde en La Habana ni sus intelectuales más reconocidos podían ingresar con nosotros a los restaurantes de los hoteles. Por otro lado la corrupción estaba presente en sus gestores, era sólo ingresar a un Hotel estatal para recibir propuestas de coimas y prostitución. Y también mucha militancia de verdad, muchos convencidos que entregaban la vida a la causa. Todo mezclado como en el gran teatro del mundo.
 
Néstor Kirchner una vez me ofreció la Embajada, fue la única que me hizo dudar, no había aceptado ni París ni Roma, pero Cuba me convocaba; era ser testigo de una experiencia extrema de la política. No acepté, mantuve mi decisión de no ser nunca embajador, de no cargar con el premio que usa la política para pagar el silencio.
 
Una mañana llegué a Miami como funcionario, reconocí el acento cubano del chofer, me interrogó con simpatía "¿le gusta Miami?" y yo, que nunca soporte ese espacio, le respondí en versión provocadora :"Si, pero más me gusta La Habana".  El cubano hizo silencio. Y habló con sentimiento. Soy exiliado, me dijo, tengo casa propia y este coche, nada me falta y el año pasado pude volver a Cuba a visitar a mi familia. Fue doloroso, ellos no tienen nada, pero le digo una cosa: "la alegría se la quedaron ellos".
 
por Julio Bárbaro - infobae.com 27/11/2016
 
 
La carta que Fidel Castro le mandó al presidente Roosevelt cuando tenía 14 años
El joven Fidel le escribió al presidente de Estados Unidos para un insólito pedido.
 
En el noviembre de 1940, cuando tenía 14 años, Fidel Castro le mandó una carta escrita de su puño y letra al entonce presidente de Estados Unidos, Franklin Delano Roosevelt.
 
 
En la misiva Castro hacía un pedido insólito: un billete de 10 dólares. A cambio, el joven se ofrecía revelarle al presidente el sitio donde se encontraban las minas de hierro más grandes de Cuba.
 
Tiempo después, Castro recibió una respuesta estándar por parte de los oficiales estadounidenses que -como era previsible- no accedieron al pedido.
 
La carta fue escrita trece años antes del comienzo de la revolución cubana y en ella Castro dice tener 12 años y no 14, su edad real.
 
El documento fue descubierto en 1977 por algunos dependientes de los Archivos Nacionales y Administración de Documentos de los Estados Unidos (National Archives and Records Administration) de Washington y volvió a difundirse tras su publicación en el sitio Letters of Note.
 
Sigue el texto completo de la carta:
 
Santiago de Cuba
 
Nov 6 1940
 
Mr Franklin Roosvelt (así en el original), Presidente de los Estados Unidos
 
Mi buen amigo Roosvelt yo no conozco muy bien el inglés, pero lo suficiente como para escribirte. Me gusta escuchar la radio, y estoy muy feliz, porque oí que vas a ser Presidente por un nuevo periodo. Tengo doce años. Soy un chico pero pienso mucho pero no creo que le estoy escribiendo al presidente de Estados Unidos. Si querés, dame un billete americano verde de diez dólares, en la carta, porque nunca, yo vi un billete americano verde de diez dólares y me gustaría tener uno.
 
Mi dirección es:
 
Sr. Fidel Castro
 
Colegio de Dolores
 
Santiago de Cuba
 
Oriente Cuba
 
No conozco mucho el inglés pero conozco muy bien el español e imagino que vos no conoces mucho el español pero conoces mucho inglés porque sos americano pero yo no soy americano.
 
Hasta luego. Tu amigo,
 
Fidel Castro
 
Si querés hierro para hacer tus barcos te mostraré las minas más grandes de hierro del país. Están en Mayari Oriente Cuba.
 
infobae.com 27/11/2016
Fuente: 

Diarios La Nación, Perfil, El Mundo, El País, ABC, La Razón, Infobae.com 27/11/2016

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