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Murió el desertor de EEUU que huyó a Corea del Norte para no ir a Vietnam

Falleció a los 77 años el ex soldado que escapó en 1965 y fue sometido por el régimen comunista hasta 2004, cuando se radicó en Japón

Charles Jenkins, un desertor del ejército norteamericano que en 1965, en plena Guerra Fría, escapó hacia Corea del Norte con el objetivo de evitar ser enviado por su país a la Guerra de Vietnam, murió en Japón a los 77 años. Su historia será recordada por haber sido sometido a cuatro décadas de enormes sufrimientos bajo el régimen comunista de Pyongyang.
 
Jenkins murió anteayer debido a problemas cardíacos en un hospital de Sado, Japón, donde vivió los últimos años tras haber sido liberado por Corea del Norte.
 
Originario de Carolina del Norte, el soldado Jenkins desertó a los 24 años durante una glacial noche de borrachera de enero de 1965 cuando cumplía una misión de patrullaje en la frontera entre Corea del Sur y Corea del Norte.
 
Más tarde explicó que en aquel momento tomó la decisión por miedo a ser enviado a luchar en Vietnam, guerra que se extendió hasta 1975, y pensó cándidamente que Corea del Norte lo entregaría a la Unión Soviética, desde donde podría retornar a Estados Unidos en algún intercambio de prisioneros.
 
En lugar de eso, Jenkins fue retenido en Pyongyang, donde pasó 39 años enseñando inglés a los miembros de la inteligencia norcoreana, futuros espías. También le tocó interpretar el rol de "villano estadounidense" en películas de propaganda del régimen comunista.
 
El hombre confió años más tarde que había sufrido durante todo ese tiempo. "Recibía golpes por todos los lados", explicó. "Jamás se dice no en Corea del Norte. Si se dice no, uno empieza a cavar su tumba, porque estás muerto".
 
También fue sometido a procedimientos médicos que, en ocasiones, eran innecesarios e incluso brutales, como cuando le quitaron un tatuaje del ejército de Estados Unidos sin anestesia. "Fue el infierno", recordaría después.
 
Casamiento con una japonesa
 
En 1980, Jenkins conoció a su esposa, la japonesa Hitomi Soga, que había sido secuestrada dos años antes por agentes norcoreanos.
 
En 2002, el entonces líder norcoreano Kim Jong-il admitió que agentes del país comunista habían secuestrado a Hitomi en la isla japonesa de Sado y que la mujer fue obligada a casarse con el desertor.
 
Con el tiempo se enamoraron, unidos por el odio hacia sus captores. En sus memorias, Jenkins explicaba el ritual que mantenían cada noche para no olvidar de dónde venían. Antes de ir a la cama, él le decía a su mujer oyasumi ("buenas noches", en japonés), mientras ella le respondía en inglés good night.
 
"Lo hacíamos para no olvidarnos nunca de quiénes éramos", escribió Jenkins.
 
Luego de casi cuatro décadas de convivencia, Hitomi obtuvo finalmente el permiso para volver a Japón, igual que otros cuatro japoneses secuestrados en los años 1970 y 1980. Según las autoridades japonesas, al menos 17 civiles japoneses fueron secuestrados por Pyongyang en este período, mientras que Corea del Norte sólo reconoce 13 secuestros de este tipo.
 
Pero Jenkins tardó algunos años más en reunirse con su esposa por miedo a la justicia militar de Estados Unidos. Además, temía que el régimen comunista tomara represalias contra sus hijas que vivían en Pyongyang y fueran forzadas a trabajar para los servicios de espionaje norcoreanos.
 
Tras esta saga familiar con sabor a Guerra Fría, que apasionó durante meses a los japoneses, el gobierno japonés concedió la residencia permanente al antiguo desertor en 2004.
 
A los 64 años, Jenkins fue juzgado por su deserción ocurrida cuatro décadas antes por una corte marcial norteamericana en Japón. Con lágrimas en los ojos e impecable en su uniforme militar, se declaró culpable y fue condenado a 30 días de arresto simbólico, pero fue liberado poco después. Desde desde entonces se instaló con su esposa en la ciudad natal de Hitomi, Sado.
 
En sus últimos años, Jenkins trabajó en esa ciudad en una tienda de suvenires, según explicó el alcalde, Motohiro Miura, que en un comunicado expresó ayer su pésame a los familiares y dijo que el ex desertor "contribuyó al turismo local".
 
Hubo otras historias de deserción similares a las de Jenkins. James Joseph Dresnok fue el último de un puñado de soldados estadounidenses que desertaron a Corea del Norte durante la Guerra de Corea (1950-53). Según revelaron sus hijos este año, Dresnok murió en noviembre de 2016 en Pyongyang.
 
Agencias AFP y DPA
Fuente: 

Diario La Nación 13/12/2017

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