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GOBERNO LA ORGANIZACION MUNDIAL EN UN PERIODO TURBULENTO

Murió Butros Ghali, el egipcio que lideró la ONU tras la Guerra Fría

Fue secretario general del organismo internacional entre 1992 y 1996. En los ‘70, como canciller de su país, preparó el acuerdo de paz con Israel.

El egipcio Butros Ghali, tal vez el más controvertido y desafiante secretario general que tuvo la ONU, murió ayer a los 93 años. Había ejercido el cargo en un turbulento período del organismo, entre 1992 y 1996, cuando se diluía la Guerra Fría y el mundo confiaba en que en ese cónclave de potencias y países subdesarrollados podían resolverse los conflictos internacionales.
 
Manejó la ONU con solvente criterio, y un esfuerzo considerable para mantener cierta independencia. Dejó una impronta que la diplomacia internacional supo valorar. A diferencia de la liviandad con que se utiliza el término actualmente, Butros Ghali fue esencialmente un estadista, que trató de solucionar cuestiones en un mundo donde la desigualdad mandaba. Su origen lo había marcado: fue el primer africano en dirigir la ONU, un organismo que surgió significativamente sobre el final de la era colonial europea.
 
Hijo de cristianos coptos, de joven estudió economía en la Universidad de El Cairo, para luego hacer un doctorado en Derecho Internacional en la Universidad de París. Más tarde se diplomó en Relaciones Internacionales en el Instituto de Estudios Políticos de París. Su mentor político fue el presidente egipcio Anuar Al Sadat, a quien acompañó como ministro de Asuntos Exteriores en un período crítico de Oriente Medio.
 
Butros Ghali es considerado uno de los arquitectos del acuerdo de Camp David, que selló la paz entre Israel y Egipto. En 1977, Sadat le encargó la misión de firmar la paz con los israelíes, una tarea que lo enfrentó con los sectores nacionalistas de su país y del mundo árabe. Rápidamente Butros Ghali se convirtió en una pieza clave en las negociaciones entre el presidente egipcio y el primer ministro israelí Menahem Begin.
 
Con astucia e inteligencia, el diplomático consiguió llevar a cabo el pacto que llevaría tranquilidad a la región, pero que le costaría la vida a Sadat. El presidente egipcio cayó acribillado por los opositores islámicos. Butros Ghali continuó una década más, aunque ya bajo el gobierno de Hosni Mubarak.
 
Al asumir la secretaria general de la ONU, Butros Ghali reemplazó al peruano Javier Pérez de Cuéllar. La Unión Soviética se había desintegrado y surgían conflictos por todos lados. Su administración fue una de las más confrontativas, especialmente por la oposición que ejerció a la fuerte influencia de Estados Unidos. En esa primera mitad de la década del 90, el organismo internacional tuvo un temerario aumento en sus operaciones de paz, con conflictos tan dramáticos como los de Bosnia, Somalia o Ruanda.
 
Butros Ghali fue muy crítico con las potencias, que no le permitieron a la ONU actuar para frenar el genocidio de Ruanda, en 1994, una masacre que dejó 800.000 muertos. Un ejemplo claro de su carácter lo dio también cuando se opuso a la intervención de la OTAN en la guerra fratricida de Bosnia. La osadía tendría sus consecuencias: Estados Unidos vetó su reelección y buscó un reemplazo. El elegido fue otro africano, el ghanés Kofi Annan. Por eso fue el único secretario general que sirvió en un sólo período, cuando lo normal es que cumplan dos mandatos.
 
Al dejar el cargo, el diplomático egipcio dijo que realmente creía en que las Naciones Unidas debían tener un rol más efectivo en el mundo. “Pero los años intermedios de la década estuvieron cargados de problemas. Se impuso el desencanto”, admitió con tristeza.
 
En los últimos años se había refugiado en la Organización Internacional de la Francofonía, una institución de países de habla francesa, donde ejercía la secretaría general. Murió ayer en un hospital de El Cairo, tras las complicaciones que le trajo una fractura de cadera.
 
El actual secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, valoró su gestión y lo describió con bastante precisión. “Demostró valor al plantear temas difíciles para los Estados miembros, e insistió con razón en la independencia de su puesto y de la Secretaría en general. Su compromiso con Naciones Unidas era inconfundible, y la marca que dejó en la organización es indeleble”, sostuvo.
 
por Daniel Vittar
Fuente: 

clarin.com 16/2/2016

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