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50 años de la muerte del asesino de Lee Harvey Oswald

Jack Ruby, el hombre que mató la clave del misterioso caso Kennedy

El 24 de noviembre de 1963, dos días después del magnicidio de John Fitzeralt Kennedy en Dallas, unos Estados Unidos en pleno estado de shock contemplaron en directo como era asesinado el presunto homicida del presidente. Jack Rubistein “Ruby”, un hombre siniestro, mafioso de poca monta y conectado con los bajos fondos asesinaba ante centenares de periodistas Lee Harvey Oswald.

 
Jack Ruby, el hombre que mató la clave del misterioso caso KennedyJack Ruby dispara a quemarropa sobre Lee Harvey Oswald, presunto asesino del presidente John F. Kennedy 
 
Ruby asestó un golpe mortal al misterioso magnicidio, ahorró un montón de trabajo a la investigación del caso y alimentó decenas de teorías de la conspiración. Un 3 de enero de 1967, Ruby murió supuestamente de cáncer en el Hospital de Parkland -escenario donde se certificaron las muertes de Kennedy y Oswald- y con él, una de las piezas claves para resolver el enigmático asesinato del presidente de la superpotencia americana a manos de un lobo solitario de ‘manual’.
 
¿Quién era Ruby?
 
La pormenorizada biografía que guardan los archivos nacionales de los Estados Unidos dan un detallado cuadro de la personalidad del asesino. A Jack Ruby se le describe como un hombre de bajos fondos, dedicado al negocio de los night club, aficionado a los perros, afeminado y con un historial delictivo de bajo nivel pero numeroso. Pero lo cierto es que Ruby fue todo esto y mucho más.
 
Jack Ruby lo pasó mal en casa. Hijo de emigrantes judíos polacos, nació en Chicago en 1911, en la frontera entre los guetos judío e italiano. Su padre, Joseph, era carpintero y tuvo un largo historial de arrestos por altercados y violencia familiar. Su madre, Fannie, no aguantó más las borracheras del padre y se separó.
 
Aquí empiezan los primeros problemas de inclusión social de Ruby. Diversas instituciones juveniles advierten de su carácter desobediente y su fuerte temperamento. A la salida de su internamiento se encontró con una familia desestructurada e inicia un periplo vital que le lleva a San Francisco, de nuevo a Chicago, tres años de servicio militar del que se licencia con honores, vuelta a Chicago y finalmente recala en Dallas.
 
Empieza una nueva vida en la ciudad dedicado a los clubs nocturnos como el Carousel con cierto éxito. Sobrevive a una dura inspección de hacienda y a un buen número de arrestos. Según los documentos desclasificados por el gobierno de EEUU a los que ha tenido acceso La Vanguardia, entre 1949 y noviembre de 1963 la policía de Dallas lo detuvo ocho veces por disturbios, tenencia ilícita de armas o por violar las normas de la venta de bebidas alcohólicas.
 
Ruby visita estos años la Habana, Las Vegas, New York, Chicago, Honolulu y diversas ciudades frontera con México. Mantuvo casi once años de relación con una “rubia divorciada” cuatro años más joven que el con la que se veía dos veces por semana. Años en los que Ruby acrecentó su afición enfermiza por los perros y en los que alimentó su egocentrismo, practicando generosidad con sus conocidos para buscar el reconocimiento que sólo consiguió darle un asesinato que descubrió lo peor de América.
 
El Día de autos
 
”Cuando Oswald había avanzado unos siete metros esposado con la izquierda del detective Jim Leavelle, desde la puerta de la oficina de la cárcel, Jack Ruby pasó entre un periodista y un detective, situados ya cerca de la rampa que conducía a la puerta de salida. Con un revólver del calibre 38 en la mano derecha, Ruby avanzó rápidamente y disparó a Oswald en el abdomen un solo tiro que resultó mortal”.
 
Esta es la descripción del homicidio del presunto magnicida de Kennedy en el conocido como informe Warren. Un informe que hizo las funciones de un juicio pero sin acusado, es decir, la solución que se inventaron las autoridades tras verse truncada la posibilidad de una investigación policial después del asesinato del principal sospechoso.
 
¿Colaboración policial?
 
El informe también intenta desmontar los rumores que Ruby contó con la colaboración de la policía para poder situarse cerca del presunto magnicida y llevar a cabo su particular ejecución. “La muerte de Oswald en medio de más de setenta policías y en las circunstancias indicadas, hizo pensar en seguida que uno o más miembros de aquel departamento habían facilitado a Jack Ruby el acceso al edificio hasta el punto de poder situarse a pocos pasos del asesino del Presidente”, indica el informe.
 
Y continua: “Aunque los diez minutos que precedieron a la muerte de Oswald había en la planta baja del edificio más de un centenar de policías y periodistas, no se ha encontrado nadie que viese entrar allí a Jack Ruby”. “Después de examinar todas las declaraciones y todas las pruebas, la Comisión ha llegado a la conclusión de que Ruby entró en el edificio sin ayuda de nadie, probablemente por la rampa, junto a la cual estaba el coche, no más de tres minutos antes de matar a Oswald”, concluye el informe. “No quiero ser un héroe. Lo he hecho por Jacqueline Kennedy”, fueron las palabras que repitió como un mantra de defensa a partir de su detención.
 
¿Ganó el fanatismo?
 
Ruby fue acusado en dos juicios. El cuatro de marzo de 1964 empezó el juicio a Jack Ruby en Dallas. Una vista que comenzó con una minuciosa elección del jurado que provocó ríos de tinta en la prensa del momento.La dureza del combate entre el abogado defensor Melvin Belli y el fiscal Henry Wade marcó un antes y un después en la justicia procesal norteamericana.
 
Ambos protagonizaron un verdadero culebrón judicial. Según el redactor de la La Vanguardia que cubrió el juicio, Ángel Zúñiga, parecía una “partida de ajedrez más que de caza”, con continuas interrupciones que “dieron salsa” al juicio del siglo de EEUU ante un jurado seleccionado
 
Los días de la vista oral ante el juez Joe Brown fueron propios de serial televisivo con la participación de testigos excepcionales, tres psiquiatras que se discutían sobre el potencial “maníaco depresivo” del acusado y un debate perspicaz sobre si fue el dedo índice o el corazón el que apretó el gatillo del revólver.
 
Finalmente, el 17 de marzo después de sólo dos horas y diecinueve minutos de deliberación, el jurado condenó a muerte a Ruby por “asesinato con alevosía”. Oída la condena, el abogado Belli que consideró el fallo una “victoria del fanatismo”, se dirigió a Ruby, rodeado de agentes de policía y le gritó: “No haga usted demasiado caso, Ruby, recurriré ante el Tribunal Supremo”.
 
Nuevo juicio que nunca llegó
 
El defensor Belli tenía razón, el cinco de octubre de 1966, la Audiencia de lo criminal de Texas revocó la sentencia que condenaba por asesinato en primer grado a Jack Ruby. Los magistrados obligaron a repetir el juicio por un tribunal que no fuera de Dallas. Para la audiencia tejana el jurado y el juez Brown se equivocaron al admitir declaraciones de agentes de policía sobre conversaciones con Ruby poco después de la muerte de Oswald.
 
El nuevo juicio multiplicó las conjeturas, suposiciones y especulaciones que rodeaban la muerte de Kennedy. La causa contra Ruby debía tener suficientes garantías de juicio imparcial en un país donde casi todo el mundo vió el asesinato por televisión y en que casi nadie daba crédito a su supuesto estado mental que le indujo a matar a Oswald. El nuevo juicio se programó para febrero de 1967 en Wichita Falls, Nebraska.
 
El nuevo juicio no llegó a celebrarse por la muerte del acusado. Ruby murió de un trombo pulmonar provocado a priori por el cáncer que padecía. Su muerte se certificó en el Hospital Parkland de Dallas, donde también se firmó el parte de muerte del presidente Kennedy y de su presunto asesino, Lee Harvey Oswald. La muerte de Ruby se llevó consigo la clave de un enigma histórico.
 
¿Se conocían Ruby y Oswald?
 
La gran conjetura, la gran piedra angular de las teorías de la conspiracion fue alimentar la posibilidad de que Ruby y Oswald se conocían. Incluso, los rumores apuntaban que ambos se habían sido vistos en el Carousel Club antes del magnicido. El informe Warren no dió crédito a esta versión.El polígrafo al que se sometió Ruby también niega por activa y por pasiva que hubiera tenido alguna relación con Oswald.
 
Ahora bien, otras fuentes recabadas por la prensa de aquel entonces describen que Ruby declaró llorando ante la comisión por el pánico a morir. “No puedo hablar, mi vida esta en peligro. Lléveme a Washington, tengo miedo de seguir aquí”, confesó Ruby al juez Earl Warren, presidente de la comisión que investigó el asesinato de Kennedy.
 
Una versión que choca con la entrevista clandestina que Ruby grabó en el hospital pocos días antes de morir. Según esta declaración, cuyos derechos compró Capitol Records, Ruby actuó sólo, sin conspirar con nadie, sin ser premeditado. “Lo ocurrido fue por mera coincidencia; en parte, porque por una infracción de tráfico tuve que acudir al ayuntamiento y llegé en el preciso instante que Oswald iba a ser trasladado, la diferencia de 30 segundos supuso la muerte de Oswald”, detalla Ruby.
 
”Segundos antes o después” -continúa- “no hubiese coincidido con él y todo cuanto hice fue acercarme y abrir fuego a quemarropa; en cuestión de segundos había perdido toda noción de los hechos. Me hallaba tendido sobre el suelo rodeado de policías”. Ruby olvidó en la declaración que uno de los policías que acompañaba a Oswald, B.H. Combest, al verle empuñando el arma gritó: “Jack son of a bicht!” (¡Jack, hijo de perra!). Todo un epitafio.
 
por Quico Sallés
Fuente: 

Diario La Vanguardia 3/1/2017

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