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Ideas olvidadas de la Revolución de Mayo

Las fiestas del Bicentenario han servido para reflexionar sobre el pasado y el futuro del país. El papel del agro en la economía nacional no estuvo ausente en esas discusiones.

Sin embargo, hubo pocos que repararon en las ideas de los hombres de la Revolución de Mayo, el acontecimiento principal por el cual millones de argentinos salieron a las calles a celebrar los doscientos años del primer gobierno patrio. Esas ideas tienen una notable vigencia en nuestros días.

Uno de los vocales de la Primera Junta fue Manuel Belgrano. Hombre multifacético, abogado y militar, creía que la atrasada región del Virreinato del Río de la Plata podía florecer con la agricultura, la industria y el comercio. Doce años antes de la Revolución de Mayo escribió: "Es tal la dependencia mutua que tienen entre sí la agricultura y el comercio que uno sin otro no pueden florecer", y predijo: "Este país, sin comercio, será un país miserable y desgraciado".

Como bien lo recordó el embajador Vicente Guillermo Arnaud en una exposición realizada ante la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria, Belgrano, desde sus Memorias del Consulado y desde las páginas del periódico Correo de Comercio , se inspiró en las ideas de los fisiócratas. Entre otras cosas, propugnaba: "Que se dé entera libertad al comercio, pues la policía del comercio interior y exterior, más segura, exacta y provechosa a la nación y al Estado, consiste en la plena libertad de concurrencia".

Belgrano estaba lejos de defender una actividad agropecuaria de tipo extractiva, con el ganado pastando por las pampas sin ningún cuidado ni criterio. Sostenía que debía estudiarse a fondo el cultivo de las tierras, el tipo de semilla utilizada, los abonos aplicados y las formas de laboreo. Incluso, defendía la rotación entre las diferentes especies y proponía sembrar árboles. "Es indispensable poner todo cuidado y hacer los mayores esfuerzos en poblar la tierra de árboles, mucho más en las tierras llanas, que son propensas a la sequedad cuando no estaban defendidas, la sombra de los árboles contribuye mucho para conservar la humedad, los troncos quebrantan los aire fuertes y proporcionan mil ventajas al hombre", decía. Fue un ecologista antes de que se inventara la palabra ecología.

Aquel hombre de la Revolución de Mayo también reflexionaba sobre la necesidad de fijar lo que hoy se denomina política agropecuaria. Proponía, "el establecimiento de un fondo con destino a socorrer al labrador ya al tiempo de las siembras, como al de la recolección de frutos". Arnaud sostiene que la intención de Belgrano era que la clase productiva de la sociedad no viviera en la miseria y desnudez "consiguiente de los manejos de los grandes monopolios que sólo aspiran a su interés particular y nada les importa el interés del agricultor".

Partidario de otorgar premios a quien hiciera mejor las cosas, Belgrano sostenía que debían darse incentivos a los agricultores, tanto aquellos que innovaran con los cultivos como a quienes hubiesen plantado más árboles, construido aguadas permanentes o "indicara el medio de preservar los cueros de la polilla e insectos".

Belgrano también se anticipó a la sociedad del conocimiento. Propugnaba la creación de una escuela de agricultura, que además de impartir conocimientos a los jóvenes les entregara instrumentos y herramientas para el cultivo. Defendía, además, lo que hoy se llama el agregado de valor. Proponía desarrollar la industria curtidora, mejorando las que existían en aquel entonces, trayendo maestros curtidores de Europa y enviando jóvenes al viejo mundo, porque allí era donde mejor se trataban las pieles. El propósito era exportar cueros. Y en la ganadería, recomendaba la cría del ganado lanar, de la vicuña y la alpaca, "cuyas lanas son muy estimadas en Europa".

En los discursos oficiales no se han hecho demasiadas referencias a los hombres de Mayo, que, entre otras cosas, pelearon contra el monopolio comercial que imponía la corona española. Volver a las ideas de Belgrano o de Mariano Moreno podría ser un buen punto de referencia para volver a pensar en un proyecto de país a largo plazo.

Festejos
El Bicentenario también fue motivo de festejos. Hubo más de 40 concentraciones de productores en las rutas. Para el campo, la asociación con los símbolos patrios es una cuestión prácticamente natural, como se vio en el conflicto por las retenciones móviles en 2008. Quizás esa presencia se haya entendido como un acto de protesta sectorial y no tuvo la repercusión suficiente en la opinión pública. El renacimiento de las divisiones entre la dirigencia rural también debe haber influido para que la convocatoria no tuviera el eco esperado. Estas circunstancias, seguramente, deberán ser motivo de reflexión en el momento de proponer acciones de protesta.

Por Cristian Mira

 

 

Fuente: 

Diario La Nación 29/5/2010

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