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Jutlandia

Hace 100 años que ardió el mar

Entre el 31 de mayo y el 1 de junio de 1916, hace hoy cien años, tuvo lugar una de las más grandes y devastadoras batallas navales de la historia, la de Jutlandia (conocida en alemán como Skagerrak) entre las costas danesas y británicas. La Gran Flota de la Royal Navy se enfrentó a la Flota de Alta Mar de la Kaiserliche Marine.

249 buques se dieron caza  durante más de 16 horas. El resultado fue catastrófico: 25 barcos de guerra hundidos, entre ellos algunos de los más modernos de la época, 8.645 muertos (el 10% de los marinos presentes en el campo de batalla).
 
Y lo que es más importante: las consecuencias de aquella batalla en la que el mar ardió literalmente y en la que algunos de los cruceros más grandes de la historia fueron partidos en dos y se hundieron en segundos, cambió para siempre las reglas de la guerra naval, las tácticas de las flotas de la época.  Sobre todo la británica, cuyos daños fueron mayores, según resalta el análisis estratégico de James Goddrick en la página dedicada por el instituto de Estrategia y Política Australiano, debido a un ineficaz flujo de información, que permitía vacíos y errores, y a una grave descoordinación con el reparto de los blancos que dejó algunos objetivos sin cubrir.
 
Además, añade que la tradición de una Marina como la británica en la que nadie respondía o hablaba si no era preguntado, ni adoptaba una iniciativa sino le era ordenada, tuvo que revisar sus estándares después de esta batalla. A Jutlandia debemos también que Alemania concentrase desde entonces sus esfuerzos en la guerra de submarinos, una nueva arma que resultó decisiva desde entonces. Sobre todo para los ingleses que vieron que en 1917, un año después, el arma submarina alemana hudía más de un millón de toneladas, rompiendo las líneas de abastecimiento. En el Almirantazgo británico, Jutlandia se convirtió en una referencia tanto para los altos nombramientos en las siguientes décadas, como para diseñar operaciones o el interior de los nuevos buques de guerra.
 
Aun así, no está claro quién ganó más o perdió más en Jutlandia. Los alemanes causaron más daño pero no pudieron romper la Flota británica como deseaban. Los ingleses, por otro lado, como queda dicho, tampoco pudieron convertirla en una operación decisiva. En la web de conmemoración del centenario se ha realizado una reconstrucción digna de verse (el vídeo en inglés)
 
La Flota de Alta Mar alemana, al mando de Reinhard Scheer, pretendía utilizar como cebo sus más modernos cruceros de batalla para atraer a la escuadra del almirante inglés David Beatty hacia las posiciones de la fuerza principal de la Kaiserliche Marine. Pero los movimientos de la flota alemana alertaron al almirante John Jellicoe, que abandonó sus bases del norte para acudir en ayuda de Beatty a la caza del enemigo. Durante los siguientes días los ataques y maniobras se sucedieron convirtiendo el mar del norte en un infierno. Las tripulaciones de los buques tocados que sobrevivieron a las explosiones fallecieron en pocos minutos en las aguas heladas.
 
En estos días se están publicando nuevas aproximaciones y recuperando historias de la batalla. El Museo Nacional Marítimo de Greenwich ha publicado en su página web la historia recuperada de sus archivos de Hubert Edward Dannreuther,, uno de los poquísimos supervivientes del HMS Invincible. El barco era sin duda uno de los más modernos de la flota. Sus restos han sido estudiados por el arqueólogo Innes McCartney, el mayor especialista mundial en esta batalla (es el arqueólogo subacuático que se ve en la foto que encabeza esta entrada). Junto a la pérdida del Invincible, la del Indefatigable y el Queen Mary costaron a la Royal Navy más de 3.000 muertos. El propio McCartney ha publicado la historia de este barco en la web de la Bournemorth University.
 
Según el relato de Hubert Edward Dannreuther en los archivos de los museos reales británicos, después de horas de fuego graneado, un cañonazo impactó en la torreta Q y muy poco después estalló el almacén de municiones bajo las piezas de artillería. El diseño de las torretas y la recarga de los pesados proyectiles quedaron en entredicho. Porque el enorme barco se partió por la mitad tras una brutal llamarada y en 15 segundos ya no estaba sobre el mar. Apenas flotaron un poco más la proa y la popa…
 
Antes de que pasaran 20 minutos, trataban de rescatar a los supervivientes, pero solo quedaban seis, el citado marinero Dannreuther, y otros cinco, que narró el naufragio y cuyo telegrama contando a su familia que estaba bien ha recuperado el bibliotecario del Museo de Greenwich, Mark Benson.
 
El otro testimonio recogido por Innes McCarney habla de Bryan Gasson, uno de los hombres que trabajaba en la torreta Q y que relata la explosión con pelos y señales en un testimonio que asombra: cómo salta el techo de la torreta con el primer proyectil que dio entre los dos cañones, cómo el segundo entró por el hueco dejado por el primero y después la explosión en cadena. Al final Gasson pudo escapar porque estaba en un compartimento cerrado. La deflagración hizo que una llamarada ocupase todo el interior del barco, como se aprecia en la foto que ha ha llegado hasta nosotros. Por eso no sobrevivió ningún marinero que estuviera en el interior del casco, tan solo algunos que trabajaban en el exterior.
 
Pero los restos de la batalla también se han convertido en yacimientos arqueológicos. Jutlandiacumple hoy cien años, y todos los restos son calificados de arqueológicos por la Unesco tras ese periodo de tiempo, gracias a lo cual tienen la máxima protección legal. El arqueólogo que más ha investigado y lleva años trabajando en este inmenso campo de batalla es el citado Innes McCartney, autor del libro muy recomendable para los lectores en inglés “Jutlandia 1916. La arqueología de una batalla naval”. McCartney ha dirigido seis expediciones a los pecios de ambas flotas y ha producido varios documentales. Hoy, según comentaba en Twitter, está invitado a las conmemoraciones que reúnen la memoria de todos los descendientes de aquellos marinos esforzados, que se vieron envueltos en una de las mayores batallas de la historia. Por toda la Commonwealth y especialmente en Alemania y Gran Bretaña, estos días todo el mundo recuerda la efemérides.
 
Durante sus expediciones ha podido identificar varios yacimientos de los barcos hundidos. Pero hay que decir que también ha sido detectada la huella de cazatesoros sobre estos barcos, hoy yacimientos arqueológicos y tumbas bajo el mar, protegidas como patrimonio cultural subacuático. Pero esos actos de expolio se han producido saltándose la inmunidad soberana de los buques de guerra y de Estado que Gran Bretaña mantiene por ley. Al final es esta la protección primordial que el derecho nacional e internacional ofrece sobre restos relevantes de la historia de las naciones para que no sean perturbados con afán de lucro, como ha ocurrido tantas veces con los antiguos galeones, que también eran buques de Estado y son la presa favorita de los cazatesoros.
 
Innes McCartney ha comprobado que el 60% de los pecios ha sido expoliado con fines lucrativos y de manera industrial. La sensibilidad ante los restos de esta batalla puede ser un argumento de peso para que Gran Bretaña acabe firmando la Convención Unesco 2001 para la protección del Patrimonio Subacuático. Sería un gran paso adelante puesto que su propio Ministerio de Defensa tiene una lamentable historia de contratos con cazatesoros, entre ellos los célebres suscritos con Odyssey Marine Exploration, tan conocidos en España.
 
Pero la sociedad civil británica no traga con esa política y la denuncia con una fuerza que envidiamos en España. La web Thepipeline.info, una de las más activas del mundo anglosajón contra el expolio, y habitualmente bien informada, asegura en un potente artículo del pasado día 22 que tienen pruebas fehacientes de que la compañía que ha estado expoliando el HMS Queen Mary es europea, holandesa para más señas y registrada con el nombre de Friendship Offshore BV. Y el barco que ha extraído objetos para su venta, según la misma fuente, sería el  MV Good Hope. Su tripulación aparece, en las fotos aportadas por una fuente a la citada web, recogiendo hélices y un condensador de la sala de calderas idéntico al del Queen Mary. Chatarreros sin escrúpulos y ladrones de tumbas que dañan el patrimonio y la memoria de un hecho histórico tan importante.
 
por Jesús García Calero
Fuente: 

Diario ABC 31/5/2016

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