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"Guernica": claves para restaurar el ícono del siglo XX

Hace justo hoy 80 años Picasso concluyó este mítico cuadro. La restauradora del MoMA Anny Aviram, una de las personas que mejor lo conoce, habla con ABC del proyecto de retirar los barnices y la cera de la superficie del lienzo. Hay en los museos un miedo atroz a restaurar los iconos que atesoran en sus colecciones. La mayoría de las veces, por temor a meter la pata. Hay ejemplos muy sonados y polémicos como «El caballero de la mano en el pecho», del Greco, en el Prado (1996) o «La Virgen con el Niño Jesús y Santa Ana», de Leonardo, en el Louvre (2012). Algunos creen que se les fue la mano en ambos casos. Pero hay otro miedo que atenaza a los restauradores: que la obra pierda su misterio. Es lo que ocurre con la «Gioconda». Vincent Delieuvin, jefe del departamento de pintura italiana del XVI del Louvre, apuesta por su limpieza, pues una gran capa de suciedad cubre la tela. Pero, ¿y si con ello la Mona Lisa pierde para siempre su enigmática sonrisa?

 
El Patronato del Reina Sofía debe aún dar luz verde al proyecto para retirar los barnices y la cera superficial del lienzoEn el caso del «Guernica», concluido justo hoy hace 80 años por Picasso, el director del Museo Reina Sofía, Manuel Borja-Villel, decía a ABC que «nadie tiene derecho a poner en peligro un icono». Pero veía muy probable que se lleve a cabo una restauración (superficial, no estructural) del cuadro. Antes tiene que dar luz verde al proyecto el Patronato del museo (posiblemente se debata en septiembre). Hablamos, vía telefónica, con Anny Aviram, restauradora de pintura del MoMA desde 1972. Nacida en México, ha desarrollado toda su carrera en el museo neoyorquino, donde ha puesto a punto muchos de los Picassos de su colección.
 
La restauración de 1964
 
Comenta que en 1964 se hizo en este museo un estudio en profundidad del cuadro y se le pidió a Picasso que no permitiera que viajara más porque se estaba dañando mucho. «Se le añadieron unas bandas para reforzar las orillas del cuadro. Ese mismo año el reverso se impregnó con cera [“se plancha con un poco de calor y la cera penetra en la capa de preparación; hace que haya menos desprendimiento de pintura”, explica]». Además, se cambió el bastidor original. «Al tensar tantas veces el lienzo, la madera estaba delicada. Se propuso hacerle uno nuevo».
 
En 1974 el «Guernica» fue atacado por un artista iraní, que pintó con espray rojo tres palabras: «Kill lies all» (Muerte a todas las mentiras)El «Guernica» solo se desmontó dos veces en los 42 años que estuvo en el MoMA, dice Aviram. Una, para moverlo de la segunda a la tercera planta del museo («no cabía por ningún sitio»). La segunda, para la restauración del 64. ¿Se reintegró la pintura en algunas zonas?«Se hizo un poco de reintegración, pero fue mínima». Aparte de la restauración del 64, se restauró otra vez cuando sufrió un acto vandálico. En 1974 el «Guernica» fue atacado por un artista iraní, Tony Shafrazi, como protesta por la Guerra de Vietnam. El 28 de febrero pintó con espray rojo tres palabras:«Kill lies all» (Muerte a todas las mentiras). Los restauradores del museo se pusieron manos a la obra sin perder un minuto para eliminar la pintura roja. Se usó xileno, un disolvente orgánico. El barniz actuó como escudo protector y la pintura original no sufrió daños. En otra ocasión, relata Aviram, «un visitante le hizo un agujerito muy pequeño, con un lápiz, en la cara del guerrero tumbado. Se arregló sin problema».
Jorge Gómez Tejedor, jefe de restauración del Reina Sofía, se puso un día en contacto con Aviram. «Quería que colaboráramos juntos, usar mi experiencia, pues había eliminado barnices en obras que tienen cera, como “El osario”, de 1945, con el que Picasso trató de hacer otro “Guernica”». Surgió entonces la posibilidad de restaurar el «Guernica». ¿Cómo se haría? «No sería complicado. El cuadro no se movería. Los trabajos se harían “in situ” y con muchísimo cuidado. Se eliminaría al mismo tiempo el barniz y la cera que penetra un poco en la superficie del cuadro. Sobre todo, donde hay craquelados y pérdidas de pintura. Hay que eliminarla, porque con el tiempo se oxida y se vuelve amarilla por sus componentes. Se haría con hisopos de algodón y un poco de disolvente».
 
 
Hay quien pone en duda que retirar ceras y barnices sea una restauración. «Claro que es una restauración –dice tajantemente Anny Aviram–. Eso sí, no haríamos nada en la estructura del cuadro. Solo se trabajaría en la superficie, pero es la más importante. Al eliminar la suciedad, el barniz y la cera se apreciarán esos cambios sutiles en los que Picasso era un maestro. Los barnices y la cera impactan en la apariencia óptica del cuadro. Vamos a recuperar las sutilezas en los grises, sobre todo los oscuros. Cuando esté limpio, el cuadro se verá más tridimensional. Hay que tratar de que, en lo posible, tenga la estética original que le dio el artista». Aunque advierte de que no va a cambiar totalmente nuestra visión del cuadro, como ocurrió con la Capilla Sixtina.
 
¿Cuándo y por qué se barnizó el «Guernica»? «Se barnizó una vez y, de nuevo, tras el ataque del 74. El barniz que se usó no es una resina natural, que se vuelve amarilla, sino un barniz sintético, que se torna grisáceo y opaca un poco la superficie. Se elimina fácilmente con disolventes que no son muy fuertes. Se barnizó, porque se consideraba que el barniz era una capa protectora de la pintura. No es totalmente erróneo, pero tiene otros problemas después. Fue importante que estuviera barnizado cuando fue atacado porque se eliminó muy fácilmente la pintura roja. No penetró en la pintura. Pero Picasso no quería que sus cuadros estuvieran barnizados. Le gustaba que la superficie de sus obras fuera mate. Además, el barniz satura la superficie. Las variaciones de reflexión de la luz se ven de un solo color. No se aprecian los matices sutiles que pintó Picasso».
 
En cuanto a la impregnación con cera, explica la restauradora que «es reversible en la superficie de la pintura. No lo es en las entrañas de la tela. Eso no se puede eliminar. Hay cosas buenas y malas con la cera. No causa ningún daño químico, pero sí altera las propiedades físicas del cuadro: los brillos, los negros, los grises...» ¿Por qué se decidió impregnar el reverso del «Guernica» con cera? «La cera penetra en la capa de preparación y después en la pintura. Y la pintura estaba muy frágil, había muchas pérdidas. La cera evitó que hubiera más desprendimientos, asentó la pintura. Además, la cera mitiga los cambios causados por la humedad y la temperatura. Previene que la tela se mueva menos. La tela absorbe la humedad del medio ambiente. Cuando se mueve, la pintura se empieza a mover también».
 
El «Guernica» sufre desgarros, craquelados, grietas, pérdidas de pintura... ¿Es partidaria de una restauración más a fondo en el futuro? «Tras este primer trabajo lo evaluaremos. El Reina Sofía tiene una magnífica química, Carmen, que está haciendo exámenes de todo el cuadro. Analizaremos cada milímetro para saber dónde hay más problemas. Las imágenes tomadas por el robot tienen tantos píxeles que se podrá ver el cuadro como a través de un microscopio. Nos servirá mucho para entender cómo tratar cada área». Dice Aviram que el Reina Sofía «tiene restauradores magníficos. Ellos harán el trabajo. Yo me limitaré posiblemente a una asesoría y a ayudar en lo que pueda». ¿Cuánto tardarán los trabajos? «No se sabe. Primero hay que decidir si se va a hacer. Después, realizar pruebas, definir la logística, ver qué disolvente se usaría... Yo lo tengo más o menos en mi cabeza. No queremos que se alargue mucho».
 
El bastidor original
 
El 10 de septiembre de 1981 el «Guernica» salió definitivamente del MoMA. «Cuatro personas trabajamos para enrollarlo de la mejor forma posible y la más segura. Se hizo un nuevo rollo más grande (el viejo ya no funcionaba). Grabé una película aquel día con mi cámara», recuerda Anny Aviram, que aún se emociona cuando ve las fotografías de aquellos días. ¿Se desmontó en secreto? «No se quería publicitar hasta que saliera, por seguridad».
 
El verano pasado se encontró por casualidad, en los almacenes del MoMA, el bastidor original del «Guernica». «Estaba todo carcomido de tanto martillearlo», explica la restauradora: «En 1981 se mandó a España el cuadro con el bastidor que se hizo en 1964. El antiguo se guardó en el almacén. Un día me dijeron que habían hallado un bastidor. "¿Qué crees que puede ser?”, me preguntó Peter Perez. “Lo único que se me ocurre es el bastidor del ‘Guernica’”, le dije. Él se rió: “No es posible”. “Vamos a tratar de armarlo para ver si coinciden las dimensiones”. Peter lo armó. Dijo que no daba la medida. Le pedí que lo mandara al taller. Movimos todas las mesas y lo armamos. Faltaban algunos travesaños. En una etiqueta rota ponía “San Francisco Museum. Picasso. Mural”. Era, sin duda, el bastidor del “Guernica”. Decidimos mandárselo al Reina Sofía. Fue la génesis de este proyecto».
 
Vino Anny Aviram como correo del MoMA con dos obras para la exposición «Piedad y terror en Picasso. El camino a Guernica» en el Reina Sofía, visitada ya por más de 310.000 personas. «Es maravillosa, muy bien montada y con unos cuadros increíbles». ¿Por qué Picasso sigue fascinando hoy? «Es el genio del siglo XX. Nadie ha tenido su talento. Hizo todo antes que nadie».
 
«He limpiado unos diez Picassos con saliva»
 
Anny Aviram ha limpiado muchas obras del MoMA con saliva. «Con el “Guernica” no es posible, es muy grande. Me moriría», dice riendo. «La saliva es un líquido fantástico. El 80% es agua; el resto son enzimas, que atacan muy bien la suciedad. Pero en un cuadro de ese tamaño es imposible. He limpiado muchos con saliva. Entre ellos, unos diez Picassos. Estoy limpiando ahora uno cubista de 1910».
 
«La saliva es un líquido fantástico. El 80% es agua; el resto son enzimas, que atacan muy bien la siciedad», dice Anny AviramEl MoMA atesora otra obra mítica de Picasso, «Las señoritas de Aviñón». Se restauró en 2002. «Picasso lo tuvo guardado mucho tiempo, enrollado, dicen que debajo de su cama. Sabía que era un cuadro muy importante. Para poderlo tensar –tenía muchas grietas–, lo mandó reentelar, no con cera, sino una pasta. Con la humedad, las arrugas se aplanaron. Se montó en un bastidor después. Con el tiempo ese reentelado no funcionó, estaba causando problemas. Se le impregnó con cera también, pero sin quitar su reentelado original. La tela era muy fina y el cuadro tiene una edad respetable».
Sobre el plan que tenía el Prado de recuperar el «Guernica», dice: «No entiendo por qué no se quedó en el Prado y se fue al Reina Sofía. No sé si estaría mejor en el Prado, pero está bien donde está. El Reina Sofía tiene un equipo maravilloso que lo está cuidando muy bien y estudiando a fondo».
 
por Natividad Pulido
Fuente: 

Diario ABC 4/6/2017

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