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"A LOS 15 AÑOS COMETI UN CRIMEN"

El pasado asesino de una exitosa autora de policiales

“Ayudé a alguien a matar a otra persona”, confesó esta escritora consagrada en una entrevista, luego de que un film reflotara el matricidio del que fue partícipe necesaria. ¿Crimen y castigo?

La vida de Anne Perry (78 años) supera las 90 ficciones de las que es autora. Las motivaciones de los escritores pueden ser muy variadas. En este mes en que el mundo homenajea a los libros y a sus autores, resulta apasionante repasar algunas de estas trayectorias fuera de norma. En esta primera nota, el caso de Anne Perry quien, aunque no le guste formularlo así, encontró en la literatura una forma de redención.
 
El nombre que lleva no es un seudónimo literario sino la nueva identidad que adoptó luego de que un tribunal neozelandés la liberara, en 1959, tras cumplir cinco años y medio de prisión por ser coautora del asesinato de la madre de su mejor amiga.
 
En el juicio contra ambas adolescentes, se halló evidencia de un ataque brutal y sostenido: "Las heridas lacerantes en la cabeza [de la víctima] fueron causadas por un instrumento contundente -dice el expediente-. Debió ser manipulado con considerable fuerza". El arma letal fue un ladrillo envuelto en una media de mujer para su mejor manipulación.  
 
Las dos jovencitas, de 16 y 15 años, fueron atrapadas casi de inmediato. Los habitantes de Christchurch (Nueva Zelanda) veían los nombres y fotografías de Pauline Parker, hija de la víctima, y de su mejor amiga, Juliet Hulme, en los periódicos locales, que le dieron una amplia cobertura a este crimen impensable que vino a perturbar la tranquilidad de esta ciudad fundada un siglo antes por colonos venidos de Inglaterra con la intención declarada de crear una comunidad modelada por la fe anglicana y la moral victoriana.
 
Anne Perry nació como Juliet Hulme el 28 de octubre de 1938 en Londres. Algo tardíamente, en 1979, instalada en Escocia, empezó una carrera literaria que pronto se demostró exitosa. Sus novelas son policiales de estilo inglés, ambientadas a mediados del siglo XIX, en plena época victoriana. Algunas de sus historias fueron llevadas al cine. Thomas Pitt y William Monk, son dos detectives ingleses que protagonizan buena parte de las novelas de Perry. Ambos deben lidiar con casos en los que están en juego el pecado y la redención, la locura y el perdón, la culpa y la reparación….
 
Un día de 1994, su editor recibe un llamado telefónico: "Espero que esté bien sentado, porque hay algo que no sabíamos, a propósito de Anne", le dice al otro lado de la línea, Meg Davis, la representante literaria de Perry. Eso que no sabían "a propósito de Anne" era que, detrás de la identidad de una de sus autoras más reconocidas, se escondía una homicida convicta y confesa.
 
El secreto oculto por tantos años salió a la luz por una exitosa película del cineasta neozelandés Peter Jackson que recreaba la tremenda historia que había tenido a "Anne Perry" como protagonista. Criaturas celestiales fue el nombre de este film que, además de devolver brutalmente a Anne a su pasado, también lanzó al estrellato a la entonces desconocida Kate Winslet.
 
Tras la salida del film, en 1994, un periodista logra ubicarla y revela que la adolescente Juliet Hulme se ha convertido en la novelista Anne Perry. Ninguno de sus amigos lo sabía. Ni su editor.
 
El guión de Jackson (que más tarde dirigió la trilogía El señor de los anillos) reconstruye este caso criminal que impactó a Christchurch en el verano de 1954 cuando dos adolescentes premeditaron y ejecutaron el asesinato de la madre de una de ellas. Pero también recrea de un modo maravilloso el mundo onírico en el que vivían las dos muchachas, algo habitual en esa etapa de la vida, pero que en ellas estaba exacerbado a niveles tal vez patológicos.
 
Entre Pauline Parker y Juliet Hulme había una de esas amistades de adolescencia, vivida como se viven las cosas a esa edad: con intensidad, ilusión, fantasía y una buena dosis de dramatismo.
 
Juliet Hulme era una niña de familia bien, hija de un prestigioso médico. Luego de un período separada de sus padres -tenía tuberculosis y, como se estilaba en la época, fue enviada a un país cálido, Sudáfrica, a pasar una temporada con una tía-, se reúne con ellos en Nueva Zelanda. Es allí, en la Christchurch Girls' High School, donde conocerá a Pauline Parker.
 
Dueñas de una imaginación desbordante, se la pasan soñando con mundos enteros de fantasía, viéndose a sí mismas como heroínas de novela, seduciendo a los galanes del momento y protagonizando toda clase de romances y aventuras. Escriben poesías, piezas de teatro, cuentos…
 
Los padres de Juliet son muy modernos y bastante liberales para la época. No sólo toleran sino que alientan la creatividad de su hija. El mundo familiar de Pauline no podía ser más contrastante. Su madre es una sencilla ama de casa que ama a su hija pero no la entiende.
 
No importa. Pauline se evade de ese mundo cada vez que se encuentra con su amiga del alma, con la que comparte una vida de ensueño constante. Hasta que una sombra terrible viene a amenazar esta felicidad: la perspectiva de una separación.
 
Los Hulme le anuncian a Juliet que van a divorciarse. Se irán de Nueva Zelanda. Y ella deberá dejar el colegio y la ciudad de Christchurch para volver a Sudáfrica con su tía. Ella y Pauline deliran entonces con la posibilidad de irse juntas. La madre de Juliet se muestra más bien favorable, pero el padre considera ya que la amistad entre ellas no es del todo "saludable". Así se lo hace saber a la madre de Pauline, acelerando el drama. La familia Parker se niega rotundamente a permitir a su hija irse con Juliet. Ni soñando. La negativa es categórica y no deja margen sino a un mayor delirio de las muchachas que conciben entonces un plan macabro.
 
"Hoy es el día del feliz acontecimiento", escribe Pauline el 22 de junio de 1954, en su diario, que será usado como prueba en el juicio. Las chicas habían planeado un paseo por un bosque cercano, el parque Victoria. La madre de Pauline, Honora Rieper, las acompañará. La mujer no tiene la menor sospecha; al contrario, se siente feliz de ver a su hija tranquila y resignada a la partida de Juliet. Hasta es una grata sorpresa ver a Pauline tan cariñosa, al punto de pedirle que las acompañe en este paseo.
 
Pero, secretamente, Pauline y Juliet sólo la ven como un obstáculo a eliminar. "Mi madre ha destruido toda la belleza", había escrito la primera en su diario.
 
Mientras caminan por un sendero solitario, Juliet deja caer una piedra brillante en el camino. Pauline se la señala a su madre, que se agacha a recogerla. Es el momento que ella aprovecha para golpearla en la cabeza con el ladrillo que llevaba oculto en un bolso. Un ladrillazo no bastó, tuvieron que darle varios golpes más hasta matarla…
 
A las 3 y media de la tarde de ese día, dos muchachas llegan corriendo hasta una confitería del parque Victoria. "¡Ayúdennos por favor! ¡Mamá está herida!", gritan. Están agitadas, sin aliento y cubiertas de sangre.
 
Minutos después, es hallado el cuerpo de Honora Rieper, con la cabeza destrozada. Evidentemente, no se trataba de un accidente.
 
Pauline Parker fue arrestada esa misma tarde y al día siguiente la policía fue a detener a su íntima amiga. La evidencia en contra de ambas adolescentes era abrumadora.
 
La investigación puso al descubierto que ambas habían planificado el crimen, para eliminar a la madre de Pauline a quien veían como un impedimento a sus proyectos, entre los que estaba el de ir a Estados Unidos para publicar sus novelas. Sueño que una de ellas logrará cumplir años después….
 
"Es uno de los principales obstáculos de mi camino. De repente se me ocurrió el procedimiento para eliminar aquel obstáculo. Si muriera…", escribió Pauline en su diario el 28 de abril, en referencia a su madre. Y el 19 de enero, habla escrito: "Lo tenemos estudiado cuidadosamente y temblamos ante la idea. Como es natural nos sentimos un poquito nerviosas. Pero el placer de los preparativos es muy grande".
 
El 29 de agosto del mismo año, Pauline y Juliet fueron declaradas culpables. El intento de la defensa por declararlas insanas fracasó. Por ser menores de edad, escaparon a la pena de muerte, vigente en Nueva Zelanda, como en muchos otros países por aquel entonces.
 
Juliet Hulme pasará cinco años y medio tras las rejas en la cárcel de mujeres de Auckland, hasta su mayoría de edad, 21 años. Parte de su condena será también la prohibición absoluta y de por vida de todo contacto con Pauline Parker, que fue liberada unos días después que ella.
 
La justicia neozelandesa le otorga otra identidad. Juliet, ahora Anne Perry, se muda a los Estados Unidos por un tiempo, luego a Canadá y finalmente se instala en Escocia. Fue asistente de vuelo y se hizo mormona. Lo sigue siendo hasta hoy. "Me gusta su doctrina que consiste en aprender, siempre, y en la cual nadie es excluido. Nadie es castigado".
 
En Escocia, se convierte en la escritora prolífica y exitosa que es hoy. Su primer libro se publica en 1979, veinte años después de su salida de prisión.
 
Pauline Parker, entretanto, también cambia su nombre. Pasa a ser Hilary Nathan. Permanece un tiempo en Nueva Zelanda bajo vigilancia policial y luego se muda a Inglaterra. Se vuelve una devota católica. Ubicada por la prensa, se niega a hablar del asesinato de su madre. Sólo dice sentir remordimientos y estar arrepentida.  
 
Al estallar la verdad, Anne Perry también se niega inicialmente a todo contacto con la prensa. Pero, tras dejar pasar un tiempo más que prudencial, casi una década, habla por primera vez de esa etapa de su vida. Será en una entrevista con The Guardian en 2003. Sin entrar en detalles, admite su culpa, y dice que la prisión le hizo mucho bien.  
 
"Allá (en la cárcel de Auckland), sólo podía ponerme de rodillas y arrepentirme. Fue así que sobreviví a mi condena, mientras que las otras perdían la razón. Parecía que yo era la única que me decía a mí misma: soy culpable, estoy donde debo estar".
 
Años más tarde, en 2011, dirá: "He vivido tanto tiempo en la piel del diablo que espero que así se me perciba. Con la mayor parte de la gente tengo la sensación de tener que justificarme y finalmente no ser comprendida. (…) Imagino que sigo estando como siempre en búsqueda de alguien a quien no tenga que explicarle quién soy, porque ya me ha comprendido".
 
Anne Perry dice también que no busca redimirse con la escritura de novelas de misterio, aunque es innegable que hay algo de ironía del destino en el hecho de que se dedique a ese género.
 
A los 79 años, vive en Portmahomack, Escocia, escribe todo el día, ocho horas por día, seis días a la semana. Con ese ritmo de trabajo publica dos libros por año. Ya va por la aventura número 28 del detective Thomas Pitt. Le gusta Chesterton y le gusta aún más que la comparen con él. En cambio, no se identifica con Agatha Christie.
 
Nunca volvió a ver a Pauline Parker.
 
En otra entrevista que concedió, ensayó una explicación: "Mis padres se estaban separando, estábamos por dejar el país. Sentí que no teníamos tiempo para buscar una mejor solución. Ella (Pauline) me dijo que si yo me iba se quitaría la vida. Y yo le creí".
 
Pero ante la pregunta de si sentía que había sido muy largo su encarcelamiento, dijo: "No, no creo que haya sido mucho tiempo. Me llevó mucho más tiempo encontrar la capacidad de reconstruirme a mí misma"
 
Anne Perry afirma incluso que hubiera sido muy negativo para ella no ir a prisión y que simplemente le dieran tratamiento psicológico. "¿Cuán importante fue el castigo para usted?", le preguntan. "Creo que fue vital. Hasta que uno no siente que saldó la deuda, no puede seguir adelante. Es como tratar de caminar con un paracaídas abierto detrás. No puedes avanzar, no puedes permitirte a ti mismo avanzar. Yo puedo mirar a los ojos porque puedo decir 'creo que he pagado' (…), puedo seguir adelante y tratar de ser la mejor persona que soy capaz de ser".
 
Sin duda, no hay peor juez que la propia conciencia. Y, para quien admite su culpa o su pecado, el perdón más difícil de obtener es el de uno mismo.
 
El caso de Juliet y Pauline puede ser considerado como de una resocialización lograda. Ambas recibieron tratamiento psiquiátrico durante su permanencia en prisión. Este fue considerado exitoso, lo que, sumado a la edad que tenían al cometer el crimen, impulsó a las autoridades a liberarlas.
 
"Escribo para formular preguntas, no busco respuestas, ni busco ningún tipo de redención. Lo único que hago es colocar a los personajes ante grandes dilemas, dilemas ante los que yo misma no sé cómo actuaría, y les hago elegir un camino. Para que el lector piense. Se pregunte él también qué haría en su situación", decía Anne Perry en una entrevista con el diario El Mundo en 2015.
 
Y agregaba, contundente: "No pienso escribir sobre el crimen que cometí. Que cometimos. Ya se ha hablado suficiente. Y han pasado más de 60 años. No tendría ningún sentido".
 
por Claudia Peiró
Fuente: 

infobae.com 26/4/2017

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