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roberto noble

El padre de "Clarín"

Primero, una idea de país, de una Argentina que desarrollara todo su potencial; luego, un diario que irrumpió con fuerza en el periodismo local para modernizarlo. Esa fue la receta de Roberto Noble, abogado, político y estanciero, que arriesgó su fortuna y su tranquilidad en la fundación de Clarín. Su hija, Guadalupe, recuerda todas las facetas de este hombre valiente y optimista en una biografía notable.


 

Foto Diario Perfil

El verdadero acto de nacimiento de Clarín tuvo lugar en el íntimo convencimiento de Noble sobre el paso que iba a dar. Mientras muchos lo consideraban un gran riesgo para su patrimonio y tranquilidad, él no titubeó en jugarse entero y poner todos sus bienes al servicio de su quimera periodística.

Desencantado de la política, empeñó su fortuna en un factor de poder real y decisivo: un diario. Un diario que llegó a ser el más vendido y el más leído. Clarín y el peronismo surgen casi juntos, se enfrentan y conviven.

La historia de Clarín es la historia de Noble. Es la aventura de un diario que irrumpió en la Argentina con la fuerza necesaria para hacer trepidar al periodismo argentino y, por lo tanto, modernizarlo. Sucedió en un tiempo tan breve que no se ha registrado hasta la fecha ningún caso similar a este tipo de publicación.

Hacia 1960, en sus primeros quince años de existencia en América latina, alcanzó tres aspectos de un récord: la mayor tirada entre los diarios de habla hispana, una gravitación fundamental como órgano periodístico de opinión en la proyección nacional y continental y una casa para hacer diarios que constituyó la expresión más avanzada de su época.

Foto Diario Perfil

Un estanciero inquieto. Los tiempos que corrían en el país hacia 1943 eran agitados y turbulentos. La paz campesina no compaginaba con el temperamento inquieto de Roberto Noble. El abogado es el estanciero que alterna el trabajo rural con la atención de su prestigioso estudio jurídico especializado en derecho aduanero federal.

La Segunda Gran Guerra se aproxima a su desenlace. El enorme conflicto bélico fermenta hechos sociales de perspectiva incalculable. Ideas nuevas, problemas imprevisibles que derivaban de ellas, imponen a Noble la necesidad de crear el instrumento que captara y canalizara las inquietudes populares argentinas que, por entonces, carecían de vocero. Tomó así su decisión y lanzó a la calle un periódico que expresaba las corrientes sociales del país y, en especial, la famosa clase media.

Este impulso cívico movió al estanciero de Santa María a dejar la serenidad del campo por la porfiada realidad que se movía en los centros urbanos.

Recorridos, canillitas y noche porteña. En las jornadas preparatorias de la salida de Clarín a la calle, Noble había establecido contactos y muy buenos entendimientos con los denominados “recorridos”, es decir, los agentes distribuidores de diarios y revistas que cada madrugada y cada atardecer llevan la “mercadería”, como la denominaban los canillitas, a las paradas o sitios de concentración y venta. Con el gancho que tenía Noble, le fue muy fácil entenderse con ellos. Así ocurrió que en la noche del 27 de agosto de 1945, víspera de la salida de Clarín a la calle, en el taller del diario Noticias Gráficas, en Riobamba y Sarmiento, donde se estaba imprimiendo, todos los hombres representativos del gremio, en acto absolutamente inusual, se hicieron presentes y rodearon al doctor Noble. Aquel encuentro, revelador de un mutuo y pleno entendimiento, resultó muy importante, igual para Clarín que para lo que en la jerga del oficio llaman la “reventa”. Noble, en el trato diario con los revendedores y distribuidores de Clarín, los convenció de la necesidad de que estuvieran agrupados en una sociedad con sentido gremial y mutualista. Se fundó así, y por su inspiración, la Sociedad de Distribuidores de Diarios, Revistas y Afines (SDDRA). Noble los ayudó en la medida de sus posibilidades, que no eran muchas en aquellos días, y los alentó. Trazó los objetivos que debían proponerse para alcanzar resultados, especialmente en los servicios de previsión y defensa de la salud de sus asociados.

Pasó el tiempo. Clarín creció hasta convertirse en un gigante. Noble nunca olvidó aquel acto de solidaridad, de afirmación amistosa y de colaboración que le expresaron con su presencia los viejos canillitas en aquellas horas de la víspera ansiosa de la salida del primer número del diario a la calle. Los hombres de los recorridos fueron sus amigos.

Para cada innovación que se introducía en la presentación y confección de Clarín –secciones nuevas, suplementos, revistas–, antes de tomar una decisión final sobre cualquier tipo de modificación destinada a tener proyección en la venta, Noble reunía en consulta a los recorridos, exponiendo los propósitos y planes para escuchar, a su vez, las opiniones de los vendedores y aceptar sus consejos.

A la vuelta del tiempo, aquellos planes que les había trazado Roberto Noble cuando fundaron su sociedad, aquellos proyectos de grandeza, se hacen hoy realidad en el enorme edificio de la SDDRA, en la avenida Belgrano y Entre Ríos. Los recorridos dicen de Noble: “Estas son las ideas y los consejos que nos dio Roberto Noble. El Cid sigue venciendo después de muerto”.

Cuando Clarín, en una de sus etapas de diario nómada –porque tuvo varias casas y ninguna era suya–, se imprimía en el taller del diario Crítica de la calle Pedro Echagüe, en Constitución, un mundo de canillitas y peones cargadores de camiones pululaba por las puertas del taller de impresión. Mezclados con ellos, se movían elementos raros de la noche, noctámbulos, gente simpática pero brava, entre los que se hallaban algunos maestros en el arte de introducir, con fineza imperceptible, “la mano propia en bolsillo ajeno”. Noble, de vez en cuando en las madrugadas, se daba una vuelta por Pedro Echagüe a esperar la salida de Clarín. Gustaba de aquel rumor de colmena de cuando es inminente la salida del diario, el enjambre de los muchachos que se mueven al pie de los camiones esperando la largada. En aquel ambiente de papel, tinta, gritos y órdenes, Noble se descontracturaba.

Las primeras veces que fue, advirtió con sorpresa que sus amigos lo rodeaban discretamente como para impedir la aproximación de aquellos caballeros raros, apenas manifestaban gran interés en saludarlo. Un día preguntó Noble a sus amigos cuál era la causa por la cual no permitían que se le aproximaran esas personas. Se trataba de las de “mano propia en bolsillo ajeno”. Y le dieron una explicación a su manera, en su estilo y lenguaje: “Doctor, éstos no tienen nada que ver con nosotros. No los dejamos arrimar para que no le hagan el cuero”. Que en otros términos quería decir “para que no le quiten la billetera sin que usted se dé cuenta”.

Del sentido comprensivo y humano del director de Clarín, dice, entre muchos otros episodios de los que nunca nadie se enteró, este pequeño hecho. Las páginas del diario se componían y matrizaban en los talleres de Crítica, en los talleres del edificio del que fue el gran diario de Natalio Botana, en la Avenida de Mayo. Los cartones matrizados se llevaban en raudos “jeeps” a la calle Pedro Echagüe, donde se terminaban de procesar y, convertidos en la estereotipia, se acoplaban a la rotativa para proceder a la impresión.

Una noche de aquellos lejanos primeros días de la aparición de Clarín, Noble –conductor de automóviles que se jactaba de su “manejo perfecto”–, salió de la vieja casa de la calle Moreno 840 con un auto prestado y dobló por la avenida 9 de Julio en dirección al Obelisco. Por la calle Alsina hacia fuera, corrían los tranvías que iban para el lado de Almagro, Caballito y Flores. Cuando el auto de Noble trepaba por la 9 de Julio, un “tramway” de línea había rebasado la calle Bernardo de Irigoyen y encaraba el cruce de la gran avenida. Noble iba tan absorto pensando en los problemas del diario, tan dominado por las preocupaciones que le creaba, que, como si despertara, abrió los ojos cuando el auto estaba montado sobre el “salvavidas” que los viejos tranvías llevaban adosados a la plataforma delantera, como instrumento de auxilio en caso de peligro.

Ocurrió que el conductor del “tram-way” vio venir el auto que manejaba una persona totalmente distraída, frenó, el vehículo quedó parado y Noble se fue con el automóvil sobre el “salvavidas”. Cuando se “despertó”, entre risueño y alarmado, se dio cuenta de lo que había sucedido y de lo que pudo suceder. Nunca más quiso manejar un auto en la ciudad. Y se sentaron a comer y recordar los felices tiempos de aquellos cafetines porteños que fueron y ya no están.

Por qué Clarín y por qué matutino. Los hechos probaron que Noble tenía más experiencia en el oficio que lo que se esperaba de él. Por sus estudios y experiencia de gobierno no le eran extraños los campos de la administración de una empresa, la publicidad y el trato con el personal. Era tan sensible al gusto del lector multitudinario como avezado para tomar lo mejor de sus consejeros.

No es fácil acertar con el nombre de un diario que se pegue al oído, que resulte fácil de pregonar y que sea entrador. Noble ya tenía su fórmula. Se llamaría Clarín.

Su hermano Julio se lo dijo claro:

—Suena a cuartel.

—Sí, a ejército, pero el de las glorias nacionales, el que está en el corazón del pueblo –le retrucó el encendido Roberto.

Y quedó Clarín.

Al anunciar Noble el lema que debía acompañar al título y definir el anhelo que inspiraba la aventura: “Un toque de atención para la solución argentina de los problemas argentinos”, basado en los lemas de la obra de gobierno bonaerense, hubo renovados reparos de ciertos consejeros algo temerosos.

Es que el lema “Un toque de atención” parecía tener acento castrense y, por entonces, la Argentina vivía, desde hacía dos años, bajo un régimen militar, consecuencia de la revolución de 1943. La réplica de Noble vino pronta:

—“Toque de atención”, pues convoca a las fuerzas ciudadanas, además de reavivar el ideario sanmartiniano de progreso y grandeza con honor.

¿Clarín debía ser matutino o vespertino? Noble sostenía que debía aparecer por la mañana. Por una razón de fuerza insoslayable: “El diario de opinión y orientación debe ser leído desde temprano”. Y aquí, una anécdota: Rafael Ordorica, jefe de la agencia Associated Press en Buenos Aires, entrevistó a Noble pocos días antes de la aparición del diario y le preguntó:

—¿Por qué teniendo libre el campo de la tarde prefiere salir a luchar contra los gigantes de la mañana?

—Muy sencillo. Porque en un concierto de tambores, salgo a tocar el clarín. Quiero dar una nota nueva. Y eso será Clarín en el periodismo argentino. Una nota nueva.

Por entonces, ya un eslogan publicitario difundido por radio: “Clarín, limpia voz y noble empeño, como los de San Martín”, anunciaba al país la próxima aparición de un diario vocero de ideas modernas en lo social, lo político y lo económico.

El recuerdo de Enrique Llamas de Madariaga. Noble era brillante, exultante, inteligente, autoritario, con características de dominio muy rígidas, muy duras, en cuanto al manejo del diario. Apasionado, amaba lo que hacía, se dedicaba con todo y desafiaba. Hay algo primordial que remarcar de Noble. Era valiente, muy osado, Noble rompía las estructuras de su época. A ésto se sumaba que era un hombre con una terrible visión para los negocios.

Su mayor talento fue rodearse de excelentes profesionales y adivinar lo que la gente quería, el lector.

Noble sabía pedir, sabía a quién darle un editorial o un título, que es una cualidad mayor en quien manda y dirige un medio de prensa. Quiso avanzar hacia el futuro y fundó un diario para ese fin. Un diario que salió a la calle a buscar la noticia, a meterse con la gente. Obsesionado por la noticia, fue el diario más comprometido. Y con un estilo nuevo que se apoyaba en un poder de síntesis notable.

Hasta la salida de Clarín, los diarios se manejaban con el sistema europeo. Clarín trajo la modernidad. Con su arribo, empezó a usarse entre nosotros la técnica del periodismo norteamericano.

A Noble sólo le importaba avanzar firme y constructivo hacia el futuro. Y nos envolvía a todos con el entusiasmo por su objetivo. Su libro Argentina, potencia mundial era prácticamente nuestra biblia. Dejaba su marca, era talentoso y, a veces, de un mal humor feroz. Cuando perdías con él, tenías la noción de la derrota. Pero era muy generoso.

Acostumbraba a nombrar a “mi hijo macho”, por su diario Clarín, y a “mi hija hembra”, por su hija Lupita.
 

Fuente: 

Diario Perfil 28/3/2010

Informacion Adicional: 

Quién fue Roberto Noble:

Nació en La Plata en 1902 y falleció en Buenos Aires en 1969. Su actividad como periodista comenzó cuando era estudiante de abogacía, en la redacción de La Nación, y luego como miembro fundado de la revista del Partido Socialista Crítica Social. A los 25 años se recibió de abogado y junto a Federico Pinedo y Antonio de Tomasso se apartó del Partido Socialista de Juan B. Justo para formar el Partido Socialista Independiente, en 1927.

Fue elegido diputado por primera vez en 1930, pero al poco tiempo el golpe de estado que derrocó a Hipólito Yrigoyen lo sacó del Congreso. Pronto volvió a los primeros planos de la política, ya que militaba en el anti-yrigoyenismo más febreil. Su partido lo propuso como candidato a diputado para las elecciones de 1931, cargo al que accedió para el período 1932-1936.

Con el ascenso al poder de Agustín P. Justo fue electo vicepresidente de la Cámara Baja, desde donde auspició la promoción de una nueva fuerza política para apoyar la obra del presidente Justo, que llevó el nombre de "Concordancia parlamentaria" y en forma paralela fundó la revista Concordancia. En ese período como legislador, entre muchas otras, impulsó dos importantes leyes: la de la Justicia de Paz Letrada y la de la Propiedad Intelectual y Artística.

En 1936 fue designado Ministro de Gobierno de la provincia de Buenos Aires por el entonces gobernador, el caudillo conservador Manuel Fresco. En 1939 renunció a su cargo y en una suerte de retiro, se fue a vivir al campo, a su estancia "Santa María", en Lincoln, donde maduró su idea de tener su diario propio. En 1945 vendió casi todos sus bienes y adquirió bobinas de papel, porque sabía que al terminar la Segunda Guerra Mundial el papel de diario iba a cotizarse como oro. Su proyecto comenzó a tomar cuerpo en un departamento del barrio de Once y allí nació el nombre: Clarín. Lo había tomado de una revista gremial de viajantes, a la que le pagó 5000 pesos para registrarlo a su nombre. "Clarín nació para despertar a una ciudad dormida", explicó entonces. La primera edición fue el 28 de agosto de 1945.

En 1946 conoció, en un crucero por el Paraná, a Ernestina Herrera, que luego se convertiría en su secretaria privada y más tarde, en 1967, en su esposa. Ella tenía 38 años, y él 65. Murió repentinamente durante una estadía en su estancia "La Loma", de Córdoba.

Fuente: Diccionario de los Argentinos. Hombres y mujeres del siglo XX - Página/12

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