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VENGANZA Y CRUELDAD

El lado oculto de los 'cazadores' que persiguieron a los asesinos nazis tras la II GM

Andrew Nagorski publica «Cazadores de nazis» (Turner, 2017), una obra en la que recuerda a los hombres y mujeres que dedicaron su vida a atrapar y juzgar a los criminales de guerra germanos tras la IIGM.

William Denson, Rafi Eitan o Benjamin Ferencz. Dichos nombres, y otros tantos más, han sido excluidos de la memoria del gran público. Sin embargo, no ha sucedido lo mismo con las águilas a las que consiguieron atrapar tras la Segunda Guerra Mundial. Aquellos oficiales como Adolf Eichmann (el artífice de la Solución Final) o Klaus Barbie (el Carnicero de Lyon). Personajes que orquestaron o colaboraron de alguna forma en la matanza sistemática de millones de seres humanos para deleite de Adolf Hitler y que fueron perseguidos, atrapados y juzgados por algunos héroes anónimos como los que preceden estas líneas.
 
Ellos fueron los cazadores de nazis, un grupo de improvisados detectives, experimentados fiscales y (en más casos de los que a la Historia le gustaría) oficiales ávidos de acabar con la vida de aquellos que hubiesen cumplido un papel (por pequeño que fuese) en la pérfida maquinaria de los campos de concentración.
 
Los pormenores de su labor, a medio camino entre la justicia y la venganza, han vuelto a ser alumbrados por el foco de la actualidad gracias a Andrew Nagorski. Y es que, este veterano escritor y corresponsal ha recuperado sus desventuras en su nuevo libro, «Cazadores de nazis» (Turner, 2017). Una documentada obra en la que recuerda las hazañas de los perseguidores y las barbaridades de los perseguidos, pero en la que narra también las dificultades que tuvieron que superar los cazadores para llevar a cabo su labor.
 
Estas abarcaban desde el enfrentamiento con el resto de sus compañeros, hasta la benevolencia que países como EE.UU. tuvieron hacia algunos miembros de las SS durante la Guerra Fría (unos años en el odio hacia los hombres de Adolf Hitler fue sustituido por el terror hacia la URSS). Con todo, la mayoría se resistieron a abandonar su trabajo y siguieron acechando a unas águilas que se creían a salvo escondidas en lugares tan alejados de Europa como Latinoamérica.
 
Venganza
 
En la obra, Nagorski intenta analizar por qué los cazadores dedicaron sus esfuerzos a capturar a los germanos. No lo tiene difícil con personajes como Tuvia Friedman, uno de los perseguidores de nazis más inmisericordes de la IIGM. Este judío logró escapar en su juventud de un campo de concentración y, a partir de entonces, su máxima fue la de la venganza. «No dejaba de pensar con el día en que los judíos se la devolvieran a los nazis, ojo por ojo», solía decir.
 
Tras liberarse, se unió a un grupo de partisanos con los que buscó a destacados criminales de guerra. Así capturó, por ejemplo, a un oficial llamado Shronski «que había torturado a más judíos de los que podía recordar». Friedman jamás sintió lástima por sus enemigos, ya fueran meros soldados o instigadores del Holocausto, y solía descargar su furia contra ellos en los interrogatorios. «Los carniceros se lo habían buscado», señalaba. Viendo la bestia en la que había convertido, colgó el uniforme y fundó un instituto para recabar información contra los miembros de las SS.
 
Los comienzos de Simon Wiesenthal fueron similares. Este arquitecto era un prisionero del campo de Mauthausen hasta que, el 5 de mayo de 1945, fue liberado. Las brutalidades que tuvo que soportar en aquel infierno le hicieron presentarse a un teniente americano poco después y ofrecerle sus servicios. Así inició una labor que le haría famoso en la época.
 
Además de ayudar a los afectados por la contienda, tanto él como Friedman fueron determinantes a la hora de atrapar en los años 60 al hombre que había organizado la Solución Final (el exterminio de millones de judíos): Adolf Eichmann. El oficial germano había logrado escapar de la justicia aliada de Núremberg y huir a Argentina, pero fue apresado y juzgado gracias a ellos.
 
Y justicia
 
Nagorski también tiene un hueco para otro tipo de cazadores: los que se esforzaron para que, una vez capturados, los nazis no eludieran la justicia. Uno de los más destacados fue William Denson, el fiscal jefe del ejército de los EE.UU. encargado de los juicios de Dachau. Unos procesos legales que, aunque han quedado relegados de las páginas principales de la Historia, juzgaron la responsabilidad de algunos de los criminales de guerra de «segunda línea» más destacados de la IIGM. «Denson actuó como fiscal en 177 casos contra guardias, oficiales y médicos de los campos de concentración, lo que supone una cifra récord», destaca el autor en su obra. Un total de 97 de ellos acabaron en la horca.
 
A Denson su trabajo casi le costó la salud. No en vano perdió casi 20 kilos durante los procesos. «Decían que era yo quien parecía recién salido de los campos», explicó en una ocasión. En 1947 llegó a desmayarse de agotamiento y estuvo postrado dos semanas en la cama. Sin embargo, logró encerrar a personajes tan crueles como Ilse Koch, la viuda del primer comandante de Buchenwald. Esta cruel mujer se hizo famosa por provocar sexualmente a los prisioneros antes de acabar con su vida.
 
Otro de las decenas de cazadores a los que se hace referencia en la obra es a Benjamin Ferencz, el fiscal jefe de los juicios de Núremberg. Este joven de apenas 27 años tuvo que procesar cientos de documentos nazis que hablaban de las torturas, las ejecuciones y el uso de las cámaras de gas en Auschwitz. También tuvo que hacer un recuento, calculadora en mano, de los muertos en el campo. Según dijo, «cuando pasé del millón, dejé de contar, era demasiado para mí».
 
Ferencz inculpó a los nazis de «la matanza deliberada de hombres, mujeres y niños inocentes e indefensos» en su alegato inicial y fue uno de los primeros en utilizar el término genocidio. Logró que los acusados fuesen declarados culpables, y 12 de ellos fueron condenados a la muerte.
 
Efraim Zuroff1948-XXXX. Zuroff lleva más de 35 años dirigiendo el Centro Simon Wiesenthal en Jerusalén. Se le considera el último cazador de nazis, aunque en algunas entrevistas afirma que también le llaman «Míster Holocausto». Siempre envuelto en la polémica, ha dirigido las campañas contra los últimos guardias de los campos de concentración que todavía quedan vivos.
 
Simon Wiesenthal908-2005. La estrella mediática de este selecto grupo. El que fuera un superviviente de Mauthausen creó un Centro de Documentación en Viena y se convirtió en el cazador de nazis más famoso de la historia. Ayudó a atrapar a personajes como Eichmann, pero también mantuvo enfrentamientos con sus compañeros, pues muchos le acusaban de exagerar sus proezas.
 
Fritz Bauer1903-1968. Bauer era un alemán nacido en el seno de una familia judía no practicante. En 1922 fue enviado a un campo de concentración por enfrentarse al nacional socialismo. Pasó la IIGM exiliado. De regreso en su país, colaboró en la captura de Adolf Eichmann y fue uno de los impulsores de los juicios de Auschwitz.
 
Isser Harel1912 – 2003. El ruso Isser Harel fue el responsable del servicio de espionaje exterior de Israel (más conocido como el Mossad) desde 1952. En 1960 dirigió el comando que secuestró a Adolf Eichmann en Buenos Aires. Gracias a ello, el germano fue juzgado por sus crímenes en Jerusalén. Las palabras que dirigió tras la operación a su primer ministro jamás serán olvidadas: «Le he traído un regalo».
 
Elizabeth Holtzman1941-XXXX. Esta norteamericana se convirtió en congresista en 1973. A partir de entonces se esforzó por investigar las acusaciones que afirmaban que multitud de nazis vivían exiliados en EEUU. Tras meses de luchas políticas logró crear en 1979 un organismo (la OSI, oficina de Investigaciones Especiales) que se encargó de cazar a estos criminales de guerra y deportarles.
 
Serge y Beate Klarsfeld1939-XXXX y 1935-XXXX. Marido y mujer, esta pareja franco-alemana dedicó su vida a perseguir a los nazis que, durante la guerra, habían deportado a miles judíos desde Francia a Auschwitz. Su labor no era oficial, por lo que se encargaban de encontrar a los culpables y desvelar sus barbaridades a la prensa. Ambos lograron atrapar a criminales como Klaus Barbie (el «Carnicero de Lyon»).
 
Eli Rosenbaum1955-XXXX. Rosembaum fue el director de la oficina de Investigaciones Especiales estadounidense de 1995 a 2010. En 1968, como consejero general del Congreso Judío Mundial, cargó contra el antiguo secretario de las Naciones Unidas, Kurt Waldheim, por su pasado nazi. Mantuvo severos enfrentamientos con su famoso compañero, Simon Wiesenthal, de quien dijo que «fracasó en todos los grandes casos en la era de la posguerra» y al que calificó de «incompetente y ególatra».
 
Jan Sehn1909-1965. El gran olvidado de los cazadores de nazis. Este polaco fue el primero que investigó de forma pormenorizada las barbaridades cometidas en Auschwitz. Además, logró que el director de este campo, Rudof Höss, escribiera sus memorias. Siempre se mostró especialmente afable con los supervivientes de los campos, a los que trató de ayudar desde su posición.
 
por Manuel P. Villatoro
Fuente: 

Diario ABC 6/5/2017

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