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TRAGEDIA EN EL MAR DE BARENTS

El hundimiento del submarino Kursk

Fue uno de los símbolos a la resistencia nazi. En esa ciudad tuvo lugar la batalla más grande de blindados de la segunda guerra mundial. Kursk, ubicada en Rusia, cercana a su frontera con Ucrania, fue el nombre con que fue botado, en 1994, el submarino más grande construido hasta entonces.

 
De 150 metros de eslora, 18 manga, 18.000 toneladas, poseía doble casco, y propulsión nuclear a través de dos reactores. Iba tripulado por 118 hombres (100 oficiales y suboficiales y 18 marineros rasos) y estaba armado con 24 misiles y una decena de torpedos. 
 
A las 11:28 horas del 12 de agosto del 2000 el buque de armada rusa Pedro El Grande captó una explosión, que provenía del Kursk, que navegaba por el Mar de Barents. Dos minutos después, se produjo una segunda explosión, que fue registrada hasta en Alaska, donde la habían confundido con un terremoto. El Kursk se hundió a 108 metros, con su proa dañada. Se cree que una minifisura de un torpedo habría provocado la primera explosión, causando luego una segunda. 
 
 
Rápidamente, un grupo de especialistas en rescate, enviados por Noruega, y un avión inglés, especialmente equipado, se acercaron a la zona a fin de colaborar, pero Rusia se lo impidió. Recién el 21 de agosto, esto es, 8 días, 21 horas y 30 minutos después, buzos fueron autorizados a llegar al submarino. Al abrir la escotilla de popa, salieron unas pocas burbujas de aire. Pero la nave estaba completamente inundada. 
 
La pregunta es: ¿parte de la tripulación pudo haberse salvado?
 
Cuando en octubre de ese año comenzaron las tareas del rescate de los cadáveres, en las ropas de uno de ellos encontraron una nota que describía que el personal de los compartimentos 6, 7 y 8 había ido al 9, que era el de rescate, situado en la popa. Eso explicaba los golpeteos que durante las 8 horas posteriores al hundimiento los hombres hicieron contra las paredes del casco. Eran 23 marineros que habían sobrevivido a la explosión y que esperaban ser rescatados.
 
Vladimir Putin, que el 7 de mayo de ese año había asumido el gobierno, inició el mismo día del accidente sus vacaciones, las que no interrumpió. Cuando se le preguntó por qué, dijo que no deseaba interferir en las tareas de rescate. Y cuando en septiembre del  2000 fue entrevistado por el periodista Larry King en la CNN, y se le preguntó qué es lo que había ocurrido con el submarino, respondió: -Se hundió. Y habló de posibles hipótesis que nunca fueron comprobadaas. 
 
Al año siguiente, se recuperó parte del casco; la proa fue aserrada y volada con explosivos. Se retiraron todos los cuerpos, las bombas nucleares y los dos reactores. Lo que quedó fue desguazado. La investigación, que consta de 133 tomos, fue guardada bajo siete llaves; permanecerá en el secreto hasta el año 2030.
 
Finalmente, en 2012, autoridades rusas se dirigieron al lugar del hundimiento y arrojaron una cruz ortodoxa, como homenaje a los 118 hombres que encontraron la muerte en el fondo del Mar de Barents.
Fuente: 

Adrián Pignatelli

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