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EL PERONISMO DE LOS 60-70

"El Gallego Alvarez", el último adiós al peronismo de Perón

Falleció a los 80 años. Lideró “Guardia de Hierro”, organización de lealtad a Perón, que no participó de la violencia. Los contactos con Bergoglio.

Quienes militaron junto a él, bajo su dirección, lo veían como un profeta en medio del río de violencia de los años setenta. Un militante político esclarecido dispuesto a servir a Perón, desde el pensamiento de Perón, y no de acuerdo a las interpretaciones que se hacían de Perón. Esa semblanza de su vida militante, como formador de cuadros, fue la que se rescató en el velorio de Alejandro “El Gallego” Álvarez, histórico líder de “Guardia de Hierro”, en la noche del último domingo, cuando más de 500 personas de tres generaciones y provenientes de distintos lugares del país se acercaron a darle el último adiós. Álvarez acababa de cumplir 80 años. “Ya estamos terminando, que se hagan cargo los pibes...”, dijo el 29 de abril, como forma de despedida.
 
“Guardia Hierro” había gestada por “El Gallego” Álvarez a inicios de los años ‘60 como una organización de base barrial y sindical, de lealtad absoluta, y sin condicionamientos al liderazgo de Perón, mientras estaba en el exilio en Madrid. Desde entonces, enfrentaron al sindicalismo de Augusto Vandor, y a los militares del General Onganía. La organización articulaba lecturas de Mao con el pensamiento nacional de Juan José Hernández Arregui, otras de Frantz Fanon y el Che Guevara. Álvarez, que en los años sesenta había trabajado como empleado telefónico, y algunas veces como taxista, ya se había erigido como líder espiritual y político.
 
“Desde la resistencia peronista pusimos algunas bombitas en algún lado, pero nunca para matar a nadie. En 1967 hubo un debate interno, si debíamos pasar a la lucha armada o no, y en un encuentro en Puerta de Hierro, Perón le dijo al “Gallego” Álvarez que si entraban en la violencia armada, los iban a matar a todos porque el ejército argentino no era el cubano ni el boliviano”, dice “Pancho” de la Isla, en conversación con Clarín.
 
A partir de entonces, “Guardia de Hierro” corrigió su línea estratégica. “Salimos del camino corto, que era la violencia y construimos la retaguardia de Perón. La principal virtud de “El Gallego” era su persistencia, el despliegue de su personalidad”, indica Carlos García Barbieri.
 
En el año ‘72 “Guardia de Hierro llegó a tener 15 mil cuadros militantes y se unió al FEN (Frente de Estudiantes Nacionales), de posiciones más de izquierda, siempre bajo el ala del retorno de Perón, y sin participar de los enfrentamientos armados entre la “izquierda” y la “derecha” del peronismo. Con su arenga persuasiva, de tono místico, y la colita que recogía su pelo, Álvarez formó cuadros del peronismo como José Luis Manzano, Juan Carlos Mazzón, Julio Bárbaro, Guillermo Moreno o José Octavio Bordón. Este proyecto de “pensamiento nacional”, cristiano y unidad latinoamericana como auspicio del tercer gobierno peronista, encontró eco en el provincial jesuita Jorge Bergoglio, al que algunos dirigentes “guardianes” visitaban en el Colegio Máximo.
 
El punto de encuentro entre “Guardia de Hierro” y los jesuitas era la filósofa cristiana Amelia Podetti, docente de la UBA y Universidad del Salvador (USAL), que transmitió a Bergoglio la idea de que la realidad se entiende desde las periferias, como crítica a la cosmovisión eurocentrista. Bergoglio confiaría a ex dirigentes de Guardia de Hierro la conducción laica de la USAL, en momentos en que la agrupación ya estaba partida.
 
“Un acto de grandeza de Álvarez fue disolver la organización inmediatamente después de la muerte de Perón. “Guardia de Hierro” ya no tenía razón de ser. Y todos quedamos en libertad de vincularnos con quién quisiéramos. Era un maestro en la formación de hombres, que salvó muchas vidas”, afirma el ex “guardián” Alberto Barriaga.
 
Algunos se colocaron bajo la conducción de Isabel Perón, para “frenar el golpe de Videla” y luego, otros guardianes, buscaron un “blindaje” con el almirante Massera durante la dictadura militar. “Si no te cuidabas, te mataban. Nosotros estábamos vigilados, por eso se buscó esa protección que condujo un capitán de navío”, explica González Barbieri. Tampoco fue del todo entendida la pretensión de unir “a todos los combatientes por la Patria”, para buscar un acuerdo amplio, una “amnistía política”, según pretendió Álvarez, que encabezó un proyecto que intentó unir Jorge Rádice con Rodolfo Galimberti, entre otros ex marinos represores y ex montoneros.
 
En los últimos meses seguía confiando en el transvasamiento, para que las nuevas generaciones, “se pasaran la posta” y tomaran el mensaje de Perón.
Fuente: 

Diario Clarín 7/6/2016

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