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EL JUEVES 29 ABRIRA SUS PUERTAS EN PLENO BARRIO DE SAN CRISTOBAL

Doña Petrona revive en una muestra que exhibe sus objetos cotidianos

Habrá fotografías, cocinas y utensilios que utilizó como profesional y en su casa. Y se verán sus programas de la tele.

Marcela Massut abre una valija roja de la que saca libros publicados hace mucho, fotos en blanco y negro, y recetas de cocina manuscritas. Los deja sobre una mesa de madera. Cerca de allí, en otra mesa, pueden verse palos de amasar, una batidora Kenwood (con su manual), una máquina para hacer pastas que parece la bisabuela de la Pastalinda, picos y mangas reposteras. Más allá, dos antiguas cocinas, bandejas (una de ellas con detalles en oro) y un gran pergamino enmarcado, firmado por decenas de mujeres. De un televisor llega la voz inconfundible de Petrona C. de Gandulfo, verdadero símbolo de la gastronomía nacional.
 
Richard Saavedra y la nieta de Petrona, Marcela Massut, en un sector de la muestra - Foto Diario Clarín
 
Estamos en los preparativos de la apertura del Museo Doña Petrona C. de Gandulfo, que podrá visitarse en unos días. Marcela es nieta de la ecónoma mayor (su abuela rehusaba presentarse como cocinera o chef) y conservó la mayoría de los objetos que compartirá con el público. “Guardamos cientos de cosas porque desde hace años tenemos la idea de dedicarle un museo a mi abuela. Incluso hubo un proyecto de muestra itinerante con el Gobierno porteño, pero no se concretó”, cuenta.
 
La idea tomó ritmo vertiginoso hace unos meses cuando Richard Saavedra, dueño de la empresa de uniformes para gastronomía Goody, contactó a los nietos (Marcela y Alejandro) y les ofreció una parte del edificio de la empresa para concretarla. “En 2016 habilité un aula para diferentes cursos y la bauticé Doña Petrona. La muestra estará pegadita al aula y al patio Gato Dumas”, cuenta Richard, quien ha confeccionado los uniformes de éste y otros famosos chefs.
 
Además de contemplar un centenar de objetos vinculados con la vida personal y pública de Doña Petrona, el público podrá ver programas de Buenas Tardes Mucho Gusto (donde cocinaba junto con la inseparable Juanita Bordoy) y hasta adquirir souvenirs, al estilo de los museos de Europa. “A la entrada hay un delantal que es réplica de los que se usaban en tiempos de Petrona y que hicimos en nuestros talleres”, dice Richard, quien adelanta que están preparando algunas botellitas de whisky alusivas para los fanáticos de Petrona.
 
Lo del whisky tiene que ver con decenas de anécdotas. Por ejemplo, que todas las mañanas Petrona tomaba un vasito y que mantuvo la costumbre casi hasta su último adiós, a los 95 años. Su nieta sonríe con nostalgia: “Es cierto, tomaba whisky todos los días, a las 11. También le gustaba la comida picante, con ajíes de la mala palabra, naturales, que plantaba mi abuelo. Pero no es cierto que fumaba mucho. Le gustaban los Virginia Slims y lo hacía para darse importancia, en ocasiones”. Al escuchar la voz de Juanita desde el televisor o verla en las fotos, es hora de preguntar por el supuesto maltrato de Petrona a su fiel colaboradora. Marcela vuelve a sonreír: “En la tele puede ser que saliera así, pero era todo lo contrario. La que manejaba la casa de Olivos, donde vivía mi abuela, era Juanita, sin dudas. Pero ojo: ¡Petrona tenía su carácter!”. Ese carácter la llevó a venir desde su Santiago del Estero para irse a vivir con Gandulfo, en los años 20. Por necesidades más económicas que culinarias (aseguran que cuando era joven no le gustaba cocinar) empezó a trabajar en la Compañía Primitiva de Gas, para difundir las ventajas del gas natural entre las amas de casa. Su carné de ecónoma jefa de Gas del Estado podrá verse en la muestra.
 
Cada objeto dispara anécdotas. La batidora está muy ligada a esa televisión en vivo que convirtió a Petrona en pionera de los programas culinarios. “Pensá que todo era en vivo. Una vez, se le rompió un flan (sí, hecho con muchísimos huevos) y ella lo preparó de nuevo, con total naturalidad”, cuenta Marcela. En la muestra también podrán verse ediciones de los años 30 y 40 de su libro de cocina. Marcela agrega: “En tiempos de Eva Perón, no ponían la cantidad de ediciones porque suponían que a Evita no le iba a gustar que mi abuela vendiera más que La razón de mi vida”. También fueron los editores quienes sugirieron que la ecónoma se presentara como Petrona C. de Gandulfo. Su apellido de soltera era Carrizo, quedó viuda a los 38 y se volvió a casar con Atilio Massut. Pero su nombre quedó tal cual, como los recuerdos que revive este merecida muestra.
 
Un best seller en la era de Facebook
 
El libro de Doña Petrona volverá a las librerías en octubre, cuando Planeta publique su edición 103. La primera fue en 1934 y en pocos años eclipsó al Martín Fierro. Para 1992, se habían vendido alrededor de 3.000.000 de ejemplares. Ahora, la página de Petrona, en Facebook, tiene unos 338.000 seguidores. Muchos piden sus clásicas recetas.
 
por Fernando Muñoz Pace
Fuente: 

Diario Clarín 16/6/2017

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