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20 AÑOS DE ZAPATISMO

Chiapas, la rebelión que entusiasmó al mundo y apenas alteró la realidad

El zapatismo exigió mejoras en el empobrecido sur mexicano. Hoy sus indicadores sociales son casi los mismos. Hace 20 años, un grupo de indígenas –algunos con escopetas de madera– tomó San Cristóbal y declaró la guerra a un México que seguía de borrachera celebrando la llegada de 1994. “Compañeros, hoy decimos ‘¡Basta!’”, clamaron aquel 1° de enero desde el altavoz del ayuntamiento. “Conforme a esta Declaración de guerra, damos a nuestras fuerzas militares del EZLN (Ejército Zapatista de Liberación Nacional) las siguientes órdenes: avanzar hacia la capital del país…”.

México se frotaba los ojos.
 
Encabezando el levantamiento indígena estaba un tipo de 36 años, el subcomandante Marcos, que llamó la atención del mundo con su pipa, su pasamontañas y su poética de decir “¡Nunca más un México sin nosotros!”.
 
Versos y escopetas por el mismo precio. Era la revolución perfecta.
 
Sin embargo, desde el levantamiento hasta hoy, las carencias son las mismas a pesar de la lluvia de millones públicos. Chiapas es el segundo estado más pobre (hace 20 años era el primero): una familia media vive con unos US$ 400 mensuales, la mitad que en el resto del país, y hay el triple de analfabetos (un 18%) que en el resto de México. Paralelamente, en los últimos 20 años Marcos publicó seis “declaraciones de la Selva Lacandona”, dio la vuelta al país durante la llamada “Otra campaña”, apareció en un set de Televisa para dar una entrevista, escribió una canción para Joaquín Sabina y redactó “a cuatro manos” una novela policial con Paco Ignacio Taibo II. Además, no ha dejado de intercalar periódicamente en la prensa sus comunicados políticos. En algunas ocasiones, ha cargado contra la globalización y el “mal gobierno” y en otras ha celebrado la lucha de ETA o las revueltas indígenas en Bolivia.
 
Sin embargo, su influencia se ha diluido en la vida política del país al mismo tiempo que ganaba simpatizantes en el extranjero. Su reciente comunicado, criticando la apertura del petróleo, sólo apareció en un periódico impreso.
 
Ningún otro medio se hizo eco de sus dardos contra el “despojo” que vive el país, pero la pipa y el pasamontañas es aún la foto más vendida.
 
Ernesto Zedillo le despojó de cualquier misticismo cuando reveló su identidad en 1995: se llama Rafael Guillén, tiene 56 años, nació en Tamaulipas, fue profesor universitario y trabajó en unos grandes almacenes de Barcelona. También se supo que su hermano Octavio es simpatizante del PAN (derecha) y que su hermana Paloma, vieja militante del PRI, acaba de ser nombrada vicesecretaria de población y migración por el presidente Enrique Peña Nieto.
 
Sus críticos sostienen que pasa más tiempo en la capital que en la selva y que ha viajado a EE.UU. para tratarse un problema de respiración relacionado con su asma y su adicción al tabaco. “Pero sigue mandando, no hay duda. Todo los comunicados llevan su sello”, reconoce el antropólogo Gaspar Marquecho.
 
Después de 20 años, el proyecto zapatista más tangible son los municipios autónomos o caracoles “en los que participan 60.000 familias, unas 300.000 personas, en el 30% de Chiapas”, admite Marquecho. En voz baja, funcionarios del PRI reconocen que se han tolerado los caracoles porque garantizan la gobernabilidad. “Allí donde están ellos no hay narco, ni tráfico de emigrantes”.
 
Desde su irrupción, el Gobierno trata de neutralizar el desafío zapatista. Primero a tiro limpio con el ejército. Después con Paz y Justicia, un grupo paramilitar con el que el PRI, los terratenientes y el ejército sembraban el pánico en la región, dejando decenas de asesinados y más de 3.500 desplazados. La masacre más conocida es la de Acteal, en 1997, cuando un centenar de paramilitares abrió fuego contra la población que rezaba en la pequeña iglesia del pueblo. En total fueron asesinadas 45 personas, entre ellas 4 embarazadas a las que abrieron el vientre para extraerles el feto.
 
Y por último con dinero público, explica Pedro Faro, abogado de la ONG Fray Bartolomé de las Casas: US$130 mensuales para las familias más pobres, nada para los zapatistas. “Pero no se enteraron de nada, pensaron que lo que único que queríamos eran cosas”, concluye un joven miembro de la Junta del Buen Gobierno del caracol de Morelia.
 
por Jacobo García
Fuente: 

Diario Clarín 31/12/2013

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