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Así se hizo el disco definitivo del siglo XX

El próximo 1 de junio se cumple medio siglo de la publicación del 'Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band', el octavo disco de The Beatles. ¿Que tienen que ver Chaikovski, John Lennon, George Martin y Lewis Carroll? Sin duda , A day in the life, la más impresionante canción del siglo XX. Mi canción favorita de toda la historia de la música. Mi querida, mi amada canción. Mi sueño eterno del tema perfecto, como una pequeña suite, una opereta del futuro. En definitiva, el orgasmo final de la mayor obra de arte del siglo pasado, incluida en el octavo álbum de los increíbles Beatles: Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band.

 
Me quejé al propio George Martin cuando estuvo en Madrid de por qué había mutilado o censurado la tremenda e imaginativa cuenta para iniciar A day in the life con la frase: "Sugar plum Fairy". ¿Por qué castrarnos en la versión que él mismo nos había señalado y mostrado cuando se hizo el film sobre la Antología de los Beatles? En aquellos días, a comienzos del año 1967, a los pasantes de droga se les llamaba "sugar plum Fairy". Pero para la gente en general, se relacionaba con el título de la danza de Chaikovski en el Cascanueces. John era así. 
 
Jamás podía ser reverente, predecible.George Martin tenía razón cuando decía que la voz de John en el inicio de la canción te cala los huesos, te inunda el alma con un sentido estricto de la belleza. Para el productor de los Beatles era un misterio y una irreverencia atonal que John odiara su voz, a la que quería siempre doblar, o que sonara como la de un monje tibetano desde alguna montaña, como ocurrió por su capricho en Lucy in the sky with diamonds.Por cierto, que un día al propio John se le escapó de que el tema era una referencia inequívoca al LSD. Era lo que Paul, George y, sobre todo, John tomaban en aquellas sesiones en el desangelado estudio 2 de Abbey Road, frío y nada hogareño, desnudo de emociones. Hasta el punto que una noche John se sintió tan mal por un exceso de líquido de LSD que George Martin, preocupado, le subió a la terraza de Abbey Road, con el peligro de que John se hubiera caído. Para John Lennon era un cielo de diamantes. Para George, una buena noche de estrellas. De todas formas, existía el dibujo que Julian, el hijo de John, con Lucy en el cielo.
 
George Martin también me contó que la primera toma de A day in the life le había impresionado tanto porque estaba seguro de que John y Paul la habían trabajado previamente en casa de Paul, en St. Johns Wood, a poca distancia de Abbey Road, donde ambos quedaban para completar canciones o componerlas antes de llegar al estudio en el Rolls Royce de John, a pesar de estar muy cerca, pero era una manera de librase de las fans, que todavía frecuentaban, incluso a la 10 de la noche, los alrededores del estudio. En el mismo piano de la casa de Paul se escribieron otras dos obras maestras del Sgt. Pepper's... Es decir, With a little help from my friends, para que la cantara Ringo y la estrepitosamente sentimental She's leaving home. Las tres canciones fueron cantadas por ambos, como réplicas y recuerdos del mundo nostálgico al que habían vuelto los Beatles, tras decidir no tocar más en directo y grabar un nuevo disco. Eso representaba la libertad absoluta de grabar con nuevos instrumentos, con arreglos que no tuvieran que ser clonados en el directo. No había máquinas de samplings en aquellos días.
 
Con tan sólo la guitarra y la voz de John, más el piano de Paul, que hacía de perfecto contrapunto, ya de por sí A day in the life era una obra maestra. Sembrado el texto y manejado por las ideas de Lewis Carroll y el surrealismo de cualquier hecho puntual. La letra de John se inició con la simple lectura del periódico del día anterior, el Daily Mail del 17 de enero. Se podía leer sobre la muerte del gran amigo de Brian Jones de los Stones, el heredero de la cerveza Guinness, Tara Browne, en un estúpido accidente. Los agujeros del Albert Hall que tenían que arreglarse, otros 4.000 agujeros en Blackburn, un recuerdo a la novela How I won the war, que era la película de Dick Lester que John había rodado en Almería. Hasta que llegaba la mítica frase de Paul : "I'd love to turn you on" ("Te quiero poner cachonda"), por la que la victoriana y reaccionaria BBC condenaría a la prohibición radiofónica a la mejor canción inglesa de toda la Historia.
 
La mini-opereta que canta Paul en medio es un recuerdo de su infancia, cuando le recogían en autobús para ir al cole. Simple. Otro día en la vida de la infancia de Paul. Como no sabían lo que meter a continuación de la mini canción de Paul, dejaron 24 compases libres, para luego decidir qué rellenar, para volver a la melodía del periódico de John.Se decidió que esos 24 compases fueran rellenados por un arreglo orquestal de Martin. John estaba empeñado en una orquesta de al menos 200 músicos. Martin decía que esa cantidad no la pagaría la EMI. Hasta que George tuvo que reconocer que contratar a 41 músicos de cuerda y poder doblarlos unas cuantas veces podría sonar como John quería. Así fue el 10 de febrero. Un happening en el estudio 1 de Abbey Road, con Mick Jagger, Keith Richards, Donovan e incluso Mike Nesmith de los Monkees, de invitados, alrededor de los pobres músicos de orquesta sinfónica, disfrazados como si estuvieran en una fiesta de carnaval. Es decir, con penes en lugar de narices, calvas en forma de culos, lo más escatológico que se le había ocurrido a John.Pero ni aún con la orquestación Lennon estaba contento con el resultado final. A la canción le faltaba algo más. Algo que sonara a la explosión de un orgasmo. George Martin se quedó sin ideas. Pero, al final, se le ocurrió el famoso glissando de la Entrada de los dioses en el Valhalla de Wagner. Magnífico, pero el orgasmo tenía que acabar. Efectivamente, los cuatro beatles más George Martin tocaron tres pianos simultáneamente con el do más profundo. El final de un orgasmo pianístico de 24 segundos.Para el pobre George, sus pesadillas de A day in the life no habían terminado. John había leído que los perros podían oír frecuencias más altas que los humanos. Como era algo que no existía en el archivo sonoro de la EMI, John volvió al ataque justo el día en que había que mandar la cinta para su fabricación. John pidió que les grabaran a los cuatro frases locas, irreverentes, estúpidas, con cintas al revés, y a ver cómo quedaba al final. Eso hizo el pobre George Martin en dos pistas. John dictó que a Paul se le escuchara decir algo como "nunca me hizo falta de ningún otro modo", mientras se oía una conversación de fondo entre ellos. Así fue el final del álbum más grande.
 
por Julián Ruiz
Fuente: 

Diario El Mundo 4/5/2017

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