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EL PROYECTO FUE FINANCIADO POR LA UNESCO

Arqueólogos argentinos investigan por primera vez siete naufragios históricos

Los barcos, entre ellos el que repatrió los restos de San Martín, se hundieron entre 1846 y 1925 en el Golfo San Jorge, Chubut.  Ahora buscan develar sus secretos más profundos.

El Villarino era un buque de propulsión mixta (vapor y vela) construido en Inglaterra en 1879. Fue la vedette de la Armada Argentina y se hizo célebre porque, durante su viaje inaugural, repatrió los restos de San Martín. Realizó más de cien viajes por la costa patagónica llevando carga, pasajeros y correo. Su fin llegó en 1899, probablemente por un error del capitán, cuando chocó contra una roca al aproximarse de noche al puerto de Bahía Camarones.
 
En la década de 1980 una asociación de buzos de Puerto Madryn, apoyados por la Armada Argentina, recuperó varios elementos de este naufragio histórico y su hélice está actualmente exhibida en la costanera de aquella ciudad.  Pero el Villarino no descansa solo en el Golfo San Jorge, Chubut. Y el equipo de arqueología subacuática del Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano (INAPL) llenó el tanque de aire comprimido y preparó las métricas para que sus ivestigadores se sumerjan allí por primera vez y suban con algunas respuestas sobre los enigmas de éste y otros 7 neufragios históricos que, hasta ahora, estaban condenados al olvido y al verdín. 
 
 
"Buscamos identificar y registrar los bienes culturales subacuáticos existentes en el Parque Interjurisdiccional Marino Costero Patagonia Austral. Son restos arqueológicos vinculados con la navegación, que en la zona comenzó hace más de 400 años", cuenta a Clarín la doctora Mónica Grosso, investigadora del equipo de arqueología subacuática del INAPL. 
 
La política de conservación de Parques Nacionales apunta a mantener estos restos in situ, por eso los arqueólogos se convierten en buzos al no poder removerlos o extraerlos de las profundidades. 
 
Durante los trabajos de campo confirmamos la existencia de al menos siete embarcaciones históricas que naufragaron en esta zona. Dos son de casco metálico y el resto de madera. Todas tenían propulsión a vela y una tenía además hélice y máquina de vapor.
 
"Los restos localizados se encuentran tanto en la costa como bajo el agua, hasta una profundidad máxima de 20 metros", detalla Grosso. Por el momento, se conoce la identidad de sólo dos de los siete barcos encontrados, el Flora y el Villarino, porque la Armada registró con precisión los lugares de su hundimiento. "Del resto desconocemos sus nombres o puerto de origen, aunque confiamos en que las investigaciones que estamos realizando ayudarán a precisar esta información", sostiene Grosso.
 
El Flora era un gran velero de cinco mástiles, casco de acero y 110 metros de eslora. Fue construido en Alemania en 1895 y originalmente se llamó Potosí. Tuvo una larga actuación en el comercio de nitrato entre Sudamérica y Europa. Era famoso por su velocidad, a pesar de navegar sólo a vela. En 1903 obtuvo un récord al completar el viaje entre el norte de Chile y el sur de Inglaterra en sólo 57 días. Luego de la Primera Guerra pasó a manos chilenas y en 1925 se hundió cerca de las Islas Viana, en el golfo San Jorge.
 
"De los demás barcos aún desconocemos por qué se hundieron. Es probable que algunos hayan naufragado por el temporal del 3 de enero de 1846 [documentado como un huracán]. Al menos dos muestran evidencia de haber colisionado contra costas rocosas, y haberse reducido a fragmentos", cuenta a Clarín Cristian Murray, arquitecto e investigador subacuático del INAPL. "Todos estos de algún modo son los más interesantes, ya que tienen todo por descubrirse: ¿De dónde venían?, ¿Qué hacían en la zona?, ¿Quiénes conformaban la tripulación?, ¿por qué naufragaron?", detalla con ánimo aventurero.
 
Los métodos de búsqueda consistieron principalmente en recorridos a pie por el sector intermareal de la costa y relevamientos subacuáticos mediante buceo. "Ante cada hallazgo, se determinó la posición de los barcos con un GPS, se tomaron fotografías y se registraron sus características y estado de conservación", detalla Murray.  En esta investigación -que fue financiada a través del Programa de Participación de la UNESCO-  trabajaron ocho personas, entre arqueólogos, asistentes de campo y guardaparques. 
 
Grosso apunta más allá  de un "aporte histórico" y sostiene que "estos trabajos son parte de la 'línea de base' que permitirá gestionar de manera adecuada los recursos de esta área protegida. De los que hasta ahora, sabía muy poco".
 
por Emilia Vexler  
Fuente: 

clarin.com 12/2/2016

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