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LA PERICHONA

Amante, espía, intrigante

Pasó a la historia como la Mata Hari criolla. En la época colonial, fue protagonista de infinitas intrigas políticas y se involucró tanto con criollos como con ingleses.

Marie Anne Perichon de Vandevil había nacido en la Isla Reunión en 1775. Dicho archipiélago, situado en el océano Indico, era por entonces una colonia francesa. Muy joven se casó con Thomas O'Gorman y en 1797 el matrimonio se trasladó a un lejano puerto llamado Buenos Aires.
 
Cuando tuvieron lugar las invasiones inglesas, el corazón de O'Gorman pudo más y colaboró con los invasores. Cuando fueron derrotados, debió huir a Río de Janeiro. Sin embargo, su esposa se quedó. 
 
La estrella de aquellas jornadas fue, sin lugar a dudas, Santiago de Liniers, quien se había puesto al hombro la defensa de la ciudad. En la marcha triunfal que realizó junto a las tropas por las calles, en lo que hoy es el cruce de la avenida Corrientes y Maipú, una mujer le arrojó un pañuelo, que él recogió con la punta de su espada.
 
Marie Anne ya venía con una reputación. Acusada de haber sido amante del general Beresford, y de ser espía para los ingleses, pronto se convertiría en la amante de Liniers. A los 31 años, se mudó a la casa de Liniers, se movía con escolta y, para escándalo de la época, montaba a caballo como hombre. Y según se comentaba, todo aquel que deseaba encarar un emprendimiento en Buenos Aires, debía hablar primero con ella.
 
Recibió el despectivo apodo de "Perichona", cuyo origen hay que buscarlo en María Villegas y Hurtado Pericholi, amante del virrey del Perú. Perichona era el resultado de una mezcla de "perra" y "chola".
 
La situación cambió cuando una hija de Liniers pretendió casarse con el hermano menor de Ana. Para Liniers, fue el tiempo de terminar con el romance. La acusó de conspirar y la expulsó a Río de Janeiro.
 
En la ciudad carioca, Ana continuó con lo suyo, y organizaba tertulias en las que confluían porteños exiliados, portugeses e ingleses. Dicen que el representante inglés en aquel país, Lord Strangford, sucumbió a sus encantos. Algo debió haber sido cierto, porque fue demasiado el revuelo que armó en la corte de Joaquina Carlota, que fue embarcada en un buque inglés, con destino nuevamente hacia Buenos Aires.
 
Era 1810 y gobernaba la Primera Junta, quien la dejó entrar, pero con la condición de que no viviese en la ciudad. La Perichona se estableció en una chacra en el actual Partido de La Matanza, donde vivió 30 años. 
 
Tuvo una nieta, cuyo romance hizo temblar a la sociedad teñida de rojo punzó: Camila O'Gorman. Pero esa es otra historia. 
Fuente: 

Adrián Pignatelli

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