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EL CASO KITTY GENOVESE

37 que vieron un crimen y no hicieron nada

Catherine Susan Genovese había nacido en Brooklyn el 7 de julio de 1935. Su familia y amigos le decían Kitty. Si bien su familia en 1954 se había mudado a Connecticut, ella permaneció en la ciudad. Vivía en un departamento en Kew Gardens, en Queens. Estaba empleada como gerente de un bar en ese mismo barrio, en la avenida Jamaica.

 
El 27 de marzo de 1964, a las 3.30 de la mañana, Kitty cerró el bar, se subió a su Fiat rojo y emprendió el regreso a su casa. No reparó en el auto que la seguía. Dejó el auto en un estacionamiento a media cuadra de la entrada de su edificio. De pronto, percibió a un hombre que se dirigía resueltamente hacia ella. Ella atinó a correr hacia un poste donde había un teléfono para llamar a la policía. No llegó. Entre gritos y pedidos de auxilio, el hombre la apuñaló en el abdomen y en la espalda. 
 
Algunas luces comenzaron a encenderse. Se escuchó una voz de hombre "deja en paz a esa mujer". El atacante subió a su auto y se marchó.
 
Tambaleante, Kitty se dirigió a la puerta de entrada de su edificio, donde se desplomó. Diez minutos más tarde, el atacante reapareció y siguió apuñalándola. Agonizante, intentó violarla. Luego, desapareció.
 
Una mujer que vivía en el mismo edificio la asistió, llamó a la polícía y a una ambulancia. Camino al hospital, Kitty falleció. 
 
El atacante se llamaba Walter Mosley, y esa madrugada se había despertado, le dijo a su mujer que la amaba y salió a la calle a buscar a una mujer para matarla. Eso es lo que le dijo a las autoridades cuando lo detuvieron por un robo. Sorprendentemente, Mosley confesó ese crimen y otros cometidos también contra mujeres. Si bien en un primer momento fue condenado a la pena de muerte, se le conmutó la pena a cadena perpetua. Vanos fueron sus docenas de pedidos de libertad condicional que a lo largo de los años solicitó. Murió en la cárcel en 2016. 
 
La ciudad de Nueva York vivía una escalada de violencia y la gente parecía estar acostumbrada. Sin embargo, un artículo publicado dos semanas después del crimen de Kitty, sacudió la conciencia ciudadana. "37 qie vieron un asesinato y no llamaron a la policía", titulaba el artículo, en el que se informaba que varios vecinos habían presenciado el crimen y que no habían hecho nada para impedirlo. Dos personas aseguraron que habían llamado a la policía, pero ésta no tenía ningún registro al respecto. 
 
Cuando en 1992 falleció la mamá de Kitty, uno de los hermanos de la víctima consideró oportuno el momento para reestudiar el caso y analizar qué es lo que en realidad había ocurrido. Bill Genovese pudo comprobar que la cifra de 37 testigos era exagerada, y que no todos ellos vieron la secuencia completa del crimen, sino pequeñas partes. 
 
 
De todas maneras, el caso provocó que se publicasen un centenar de libros, en psicología comenzó a estudiarse lo que se llamó 'el efecto espectador' y también ayudó a la creación de la línea 911. 
 
Fuente: 

Adrián Pignatelli

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